De Colombia a Panamá en un buque de carga boliviano

Qué horror! Una cucaracha voladora!!!!

A veces ocurren milagros difíciles de explicar. Sorpresas, hechos inesperados, deseos convertidos en una página sucia o brillante de nuestra historia.

Esperanzas que te ascienden al rango de Aladino. La sola utilización de la palabra, milagro, trae la imagen de un Dios cristiano y barbudo, como si nuestro Jefe fuera el único autorizado por las leyes del universo. Pero la posibilidad de hacer saltar la banca o que salga el 25 a la primera entre los treinta y siete números de la ruleta no tiene nada que ver con la religión y sí con la cantidad de veces que lo intentas.

Con la persistencia y las probabilidades matemáticas.

Encontrar un barco que nos llevase de Colombia a Panamá era fácil. Hay empresas dedicadas a eso. Lo difícil era que el Plan B funcionara: hallar una empresa que dijera yo los llevo porque me gusta lo que están haciendo; o yo los llevo porque ustedes tienen que estar locos. O yo los llevo por sus huevos y por mis huevos, como dijo el director de Pescanova para el sur de Africa, cuando nos embarcó en uno de los buques de la flota pesquera en un viaje interminable entre Ciudad del Cabo y Bahía Blanca, al sur de la provincia de Buenos Aires. Esa vez, el Plan B resultó en 23 días de puro océano, demasiada agua. Esta vez, Benny dijo:

-          ¿Que llevan 9 años? Yo los llevo a Panamá en mi barco. Yo los voy a apoyar. Y no tendrán que pagar nada.

El Plan B es la manera alternativa de hacer las cosas. Hoy, era de las crisis por los excesos en el consumo, amanecer de las compras por internet, es fácil cumplir tus deseos cuando estás dispuesto a pagar lo que te pidan. Lo difícil es conseguir lo mismo de buena fe, de onda. Por complicidad. Porque sí, ¿por qué no?

Es en estas ocasiones, siempre provocadas, cuando vuelves a creer en la capacidad de cada uno de nosotros, encantados de ser pecadores, de obrar milagros inolvidables. Da igual si eres cristiano, animista, zoroastriano, judío, testigo de Jehová, ateo practicante, budista relajado o musulmán colombiano como Benny, nuestro hacedor de prodigios entre el sur y centroamérica.

Musulmán colombiano, ¿cómo juntas las dos cosas? ¿qué sale después?

A pesar de todas sus buenas intenciones no fue fácil embarcar en el Intrepide, un barco colombiano de bandera boliviana.

(Otra cosa rara: cada vez que imagino la flota de ultramar del gran país de las alturas, me tiemblan las piernas. O habíamos viajado en el tiempo hasta antes de la Guerra del Pacífico de 1870, o estábamos de nuevo en el lago Titicaca. No había muchas más opciones. Esto, mar Caribe, barco boliviano, no podía ser cierto)

El zarpe de Puerto Nuevo se retrasó semana a semana durante un mes y medio. La buena suerte inicial se había ido desvaneciendo con el paso de los días, el barco había sufrido distintas averías y malestares estomacales que evitaban el viaje. Era tiempo, voluntad, paciencia y persistencia. Era creer en el Plan B.

Creer, como cuando estuvimos un mes dando vueltas por la costa de Ecuador buscando un barco que nos llevase a las islas Galápagos. Creer, cualquier cosa es posible. Pero creer en nosotros, Dios, si existe, ya tiene demasiados milagros que atender por ahí.

Cuando llegó el gran día, sí, que nos vamos, coño, que nos vamos, nadie sabía exactamente qué papeles había que completar. Puerto Nuevo nunca había servido para llevar un vehículo a Panamá. Todo parecía difícil, complicado. Cualquier cosa podía ocurrir mal, y nos quedábamos en tierra.

Por ejemplo, no había una rampa para subir la furgo al barco, sólo una grúa, y nunca la habían utilizado para levantar algo tan pesado como nuestra furgo 4x4 con matrícula de Barcelona. El manual del siglo pasado decía que debería aguantar.

Por ejemplo, tres horas antes de partir todavía no teníamos permiso del puerto para embarcar la furgoneta. Por ejemplo, el capitán del barco, Alberto, tampoco sabía que en ese viaje tendría dos tripulantes nuevos.

Ahora comprendo por qué nos interceptó una patrullera norteamericana en las aguas internacionales del Caribe: uno, no era normal que un barco como el Intrepide llevara una furgoneta atada en la cubierta; dos, salíamos de Colombia en un barco boliviano, los dos mayores exportadores de polvo blanco del mundo...

(Encuentra más historias, fotos y videos de la vuelta al mundo que comenzó en Barcelona en junio del año 2000 en www.viajeros4x4x4.com. Y los libros de La vuelta al mundo en 10 años, en la librería Altaïr)

 

 Escobar, Caneca, Basilio, Pablo, el Capitan, Simon, Toribio, Octavio, Contreras y Anna

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