Siem Reap: consejos para el primer día

No importa lo que uno escriba o lea de Angkor, las palabras se quedan pequeñas y la mente es incapaz de evocar las sensaciones que producen sus templos hasta que no los has visto con tus propios ojos. A simple vista, desde la ventanilla del avión, un viajero atento puede experimentar la grandeza de la cultura jemer contemplando las grandes reservas de agua conocidas como baray. El contorno vacío del baray del este (7,5km x 1,83km x 5m), y las aguas encauzadas del baray del oeste (8km x 2,2km x 7m)  dan cuenta de la sorprendente capacidad del pueblo jemer para realizar grandes obras de ingeniería hidráulica.  La función de los baray aún es foco de intenso debate, pero sin lugar a dudas se trata de reservas de agua para un territorio dominado por periodos de lluvia y de sequía. A finales de los años 90, la NASA llevó a cabo una documentación exhaustiva del parque arqueológico de Angkor, realizando fotos de radar desde la nave espacial Endevour. Gracias a la tecnología empleada se consiguió un plano que contenía más de 1.000km2 de canales y templos que hoy siguen ocultos en la espesa vegetación de la jungla. Yo tengo cierta predilección por la fotografía aérea, por lo que me gusta experimentar la llegada a Siem Reap a través del avión. La vista de pájaro también permite contemplar las corrientes caprichosas del Tonle Sap y la inmensidad del río Mekong. El Tonle Sap, que se traduce como Gran Lago, es uno de los lagos más productivos del mundo, y también uno de los más exóticos. La estación de lluvias en Camboya coincide con el deshielo en el altiplano del Tibet, lo que produce un aumento descomunal del caudal del río Mekong. Éste exceso de agua satura la corriente del Mekong, que fluye hacia atrás y vierte sus aguas en el Tonle Sap. El Gran Lago puede llegar a aumentar hasta cuatro veces su tamaño, irrigando los campos de arroz a su paso y proveyendo a la comunidad local de su mayor fuente de alimentación. Lamentablemente, este ecosistema está en grave peligro a causa de la irrupción del flujo natural del Mekong. Desde los años 90, China está llevando a cabo la construcción de más de 13 presas hidroeléctricas que están alterando el curso natural del río. En los últimos años, Tailandia y Laos se han sumado a la creación de nuevas presas, lo que está poniendo en grave riesgo la supervivencia de Camboya, que depende del río para la producción de arroz y la pesca, y del delta del Mekong en Vietnam, que podría sufrir graves daños en la producción de arroz a causa de la salinización del delta. El riesgo a la sequía ha sido uno de los motores de la cultura jemer; sus temores no eran infundados ya que los últimos análisis indican que una grave sequía contínua pudo producir la decadencia y desaparición de la cultura de Angkor.

Divago. Suele ser el defecto habitual de arqueólogos y antropólogos. Aterrizar en Siem Reap es toda una experiencia, el calor húmedo ataca al viajero con una ferocidad salvaje, especialmente si se viaja en los meses de mayo a agosto. Es desaconsejable viajar en marzo-abril porque son los meses de extrema sequía, donde el calor es insoportable y el polvo satura las vías respiratorias. La mejor época para visitar los templos es hacia finales de la estación de lluvias, en octubre-noviembre. Las reservas de agua están llenas, la jungla adquiere un intenso color esmeralda, el musgo se ha apoderado de la arenisca y uno tiene la sensación de que ha viajado en el tiempo a la época de los exploradores. Al caer la tarde, llueve, pero es un paréntesis bien recibido (¡si uno no se encuentra por caminos de barro!). El aeropuerto de Siem Reap es de construcción reciente, y regalando al viajero una visión demasiado bucólica de lo que es Camboya. Siem Reap ofrece al turista una amplia selección de hoteles de acuerdo al presupuesto de cada uno, desde hoteles de poco más de $10 a bungalows de lujo de precios exhorbitantes. La primera vez que fui, opté por eso que llaman "budget hotel", que no es más que un eufemismo para describir los hoteles para gente con bajo presupuesto. Esta opción tiene sus riesgos, dado que la seguridad es mínima y no es recomendable dejar objetos de valor en la habitación. Uno de los mejores hoteles de bajo coste es el Shadow of Angkor, situado en el mercado viejo, pero es difícil conseguir habitación. La segunda vez que fui elegí el Bopha Angkor (Flor de Angkor), un hotel de tamaño reducido, de rango medio ($25-35 por noche con desayuno), con piscina y caja de seguridad en la habitación. El hotel está adscrito al programa Heritage Friendly Business, un proyecto de la ONG Heritage Watch (www.heritagewatchinternational.org) que garantiza que el negocio respeta los principios del desarrollo sostenible y protege el patrimonio arqueológico. Escondido tras un exhuberante jardín, el hotel alberga uno de los mejores restaurantes de comida jemer de Siem Reap. Aunque el precio por comensal es relativamente caro, merece la pena visitar este restaurante diáfano de inspiración colonial que prescinde del aire acondicionado en favor de ventiladores. Impresindible degustar el pescado Amok, una receta tradicional (posiblemente anterior al periodo de Angkor) que deleitará el paladar del más exigente.

Los aviones suelen llegar por la mañana, por lo que es recomendable tomarse el día para aclimatarse y explorar el pueblo. A pesar de su pequeño tamaño, Siem Reap tiene muchas actividades y lugares para visitar. Cerca del Bopha Angkor está el mercado viejo, un lugar quizás excesivamente turístico, pero imposible de esquivar. El mercado tiene un gran número de comercios, muchos de ellos dedicados a la seda. Es importante saber regatear para poder realizar las compras (ver mi artículo anterior sobre el regateo). Entre los estrechos pasillos del mercado uno se puede encontrar con tiendas de productos locales, de camisetas y mementos de Camboya y hasta una sección de restaurantes y pescaderías para la población local. Alrededor del mercado han ido abriéndose un gran número de restaurantes para turistas que ofrecen todo tipo de comida occidental y oriental. Uno de mis preferidos es el Blue Pumpkin, una franquicia muy conocida en Siem Reap. En la parte inferior tiene una panadería de elaboración propia que merece ser explorada. Subiendo las escaleras, uno se siente transportado a los barrios más modernos de Nueva York o Barcelona; con una decoración blanca inmaculada, el visitante puede optar por comer en sofás de tamaño descomunal o en mesas más tradicionales, y disfrutar de una comida deliciosa mientras se conecta a internet para ver las últimas noticias. Abajo, en la calle, esperan aparcados un gran número de tuc-tuc. Éste termino está muy extendido por toda Asia, pero cada región tiene su variante. En Camboya, el tuc-tuc es un carro cubierto de tres ruedas tirado por una vespa. El precio se puede regatear, siendo el coste para destinos dentro del pueblo entre $1 y $5. Entre los tuc-tuc suele haber puestos de venta de libros "original copy", entre los que se encuentran la famosa guía de la Lonely Planet y la guía de templos Ancient Angkor, de Claude Jacques. Los vendedores suelen ser mutilados de las minas anti-persona. Éstas personas no pueden realizar trabajos normales y el gobierno no se ocupa de ellos, por eso siempre es positivo guardar nuestra copia original del libro para no estropearla y comprar una de estas copias que ayudarán a los mutilados a conseguir algo de dinero. Saber quién necesita ser ayudado y quien no, es todo un arte. Las personas que han sufrido amputaciones suelen necesitar ayuda, pero en lugar de pedir, consiguen algo de dinero vendiendo libros o tocando música cortesana en los senderos que llevan a los templos. En Siem Reap es habitual que niños soliciten dinero a los turistas, pero es desaconsejable darles limosna. Los niños tienen que asistir al colegio, pero las limosnas de los turistas han hecho que sea más rentable tener a los niños pidiendo en la calle. Por esta razón, es mejor llevar consigo algunos caramelos o material escolar para dar a los niños, en lugar de dinero.

Uno de los lugares que merece la pena visitar es el museo nacional; recientemente abierto, contiene una gran exposición de esculturas jemeres. La gran mayoría de las esculturas del imperio jemer que han llegado a nuestros días están en Francia o en este museo. Lamentablemente no se pueden mantener in situ por temor al expolio. El museo está adjunto a un centro comercial donde se pueden hacer compras especializadas y disfrutar de sus restaurantes. Si el viajero tiene fetichismo con la historia, y sobre todo, con la historia de los grandes exploradores del XIX y principios del XX, no debe perderse el Grand Hotel D'Angkor (justo al lado del museo). El hotel actualmente pertenece al grupo Raffles, que hizo una considerable inversión para restaurar el edificio tras su destrucción parcial por los jemeres rojos y el abandono que sufrió en los años que duró el conflicto. El hotel fue creado en los años 30, y su arquitectura y decoración es un digno ejemplo del famoso Art Decó de la época. Si se planea con antelación, se puede conseguir una noche en el hotel por $180, un precio no excesivamente caro que permitirá al viajero dormir en las mismas habitaciones que un día albergaron a los ricos viajeros de lo que se ha venido a llamar la Golden Age of Travel. Si el presupesto del que se dispone es más reducido, siempre podemos ir a tomar el té. En una sala llena de mementos de la época colonial, disfrutar de unas pastas y un te es toda una experiencia. Eso sí, mejor ir sin haber comido porque las "pastas" de té son en realidad una fuente de tres pisos con una selección exquisita de degustación de emparedados, tartas y chocolates ($15 por comensal, té incluido). La tienda de regalos del hotel es un lugar de peregrinage para todos los que disfrutamos del pasado. El hotel se ha comprometido con su historia, y tiene disponibles posters publicitarios de los años 30 sobre Angkor, re-ediciones de pegatinas originales de hoteles asiáticos de los años 30 y una gran selección de postales y libros. Para los que manejan un presupuesto mayor, el hotel también dispone de tiendas de seda local de gran calidad con diseños muy vanguardistas, llenos de color y brillo. La seda es uno de los productos típicos de Camboya. La granja de seda de Artesans d'Angkor, a las afueras de Siem Reap, ofrece al viajero una rara oportunidad para ver el proceso de creación. Ellos son los creadores de los diseños en seda disponibles en las tiendas más exclusivas de Siem Reap y Phnom Pehn. Aunque el precio es exhorbitante incluso para bolsillos occidentales, los beneficios se destinan a talleres de aprendizaje para la población local. Si el presupuesto es menor, uno siempre puede comprar pañuelos y tela de seda en el mercado viejo desde $5-10.

Por la noche, lo mejor es elegir un buen restaurante en el bullicioso mercado viejo o ir a uno de los espectáculos de baile tradicional camboyano que suelen incluir la cena. Sea como fuere, lo mejor es volver pronto al hotel, ya que las visitas al parque arqueológico de Angkor suelen empezar a las 07:30 o incluso a las 04:30 si se piensa ver el amanecer en Angkor Wat. ¡Pero eso es otro día!
 

Imagen de vWalker

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