Vanuatu, gente feliz

 

Tengo que confesar que como viajero independiente y solitario, el viaje fue agotador. Una primera etapa en Bangkok, la segunda en Sidney donde tuve ocasión de comprobar la obsesión de la policía de aduanas con el contrabando de anabolizantes (se empeñaron en que unas ampollas de Urbason que como ATS suelo llevar en mis viajes, eran hormona del crecimiento, experimenté los hocicos de los perros detectores por todo mi cuerpo, hasta que al fin llegó el médico y me despidió con una palmadita y un “welcome to Australia”), eran las ocho de la mañana tras un vuelo nocturno desde Bangkok, en Sídney no había hoteles a menos de 40 km del downtown, al final encontré una pensión en el centro, di un paseo, vi algunas australianas guapas y muchos borrachos, no me sentí bienvenido a pesar de ser una ciudad muy hermosa que descubrí en el viaje de vuelta ya de mejor humor.
Una salchicha australiana en pleno jetlag acabó con mi equilibrio digestivo y mental y salí disparado a mi soñado destino, Vanuatu.


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     Por fin Port Vila, la primera impresión es la de haber llegado a un sitio muy pequeño y aislado, pero la sonrisa de la gente pronto hace que olvidemos lo lejos que estamos de casa. Es una pequeña ciudad con unas pocas calles y un bonito paseo frente al pequeño puerto de pasajeros. No es posible bañarse en las cercanías pues el fondo es coralino y corta como bisturí, pero una bonita excursión de 30 minutos por la isla nos lleva a unas buenas playas con merenderos.
 
Los hoteles son muy caros y no hay mucha elección, la comida, menos cara, es sabrosa y normalmente fácil a nuestro paladar y estómago pero escasa.        
     
A la caída del sol y una vez acabadas las labores diarias, los hombres suelen dirigirse a los Nakamales en la colina frente al puerto para beber Kava, bebida tradicional en el Pacífico y zonas de Australia. Legal en Europa hasta hace pocos años, ha sido prohibida la importación a raíz de algunos casos de daño hepático producidos por su abuso continuado. En los nakamales no se sirven bebidas alcohólicas, sólo kava, fanta, chucherías y algo de comida. El nakamal en el que estuve, el mejor de Port Vila, era el del cuartel militar de la capital, un militar me invitó. Una mujer ciega servía la pócima, pues en la tradición las mujeres no deben de ver las libaciones, mientras el sol se ponía en la bahía, sin música, en silencio y a la luz de las velas la clientela consume sus bebidas y alguna relajada conversación flota en el ambiente. A las pocas horas nos invade un suave sopor y la gente se retira a dormir, el bar cierra sobre las 10 de la noche. Las turistas pueden entrar, no así las vanuatenses.



Eran los mundiales de futbol, España iba como un cohete y éramos la admiración del mundo, me sentí orgulloso de nuestro equipo a pesar de que no entiendo de futbol, en todos los hoteles me felicitaban al ver mi pasaporte y fui la estrella invitada en la sala de la televisión de algún hotel que tenía tv satélite. Recuerdo ver el gol de Iniesta a las 6 de la mañana en el aeropuerto a mi regreso esperando embarcar para Sídney.

Viaje a la isla de Tana: se trata de una isla famosa por su volcán en erupción perpetua y por su kava. El aterrizaje con el pequeño avión de Air Vanuatu impresiona. Una vez en tierra no se divisa ningún edificio aparte la caseta del aeropuerto y cuando el avión apaga los motores, el silencio absoluto solo se verá interrumpido durante mi semana de estancia por los rugidos del volcán.

Estoy en el “parking” del aeropuerto los pasajeros van subiendo a sus vehículos y al final me quedo yo solo. No quedan coches, solo veo uno a lo lejos, con el conductor impasible dentro mirándome, decido arrastrar mi maleta hasta el vehículo, le pregunto si es de Friendly bungalows y me dice que sí, me subo al vehículo y emprendemos la ruta.

-¿De donde soy?
-Español.
-No le gusta el futbol, dice que en la isla no hay tele. ¿Cuántos hijos tengo?
-No tengo hijos.
-¿Porqué? ¿acaso estoy enfermo? (...) intento explicarle que en Europa algunas personas no tienen hijos, y son...prácticamente...normales...Bueno, al final lo dejo y seguimos en silencio.

En el camino subimos unas montañas en las que hace bastante frío, en una aldea, paramos en una tienda de víveres que vende cerillas y alguna lata de conserva, en el mostrador luce la bandera española, le pregunto el motivo y me dice que un amigo suyo estuvo viviendo una temporada allí; era español y se llamaba Antonio López, y él le será leal, más ahora con los mundiales de futbol. Seguimos el camino en silencio, pienso que Antonio López tiene que ser una persona especial para vivir una temporada en este lugar del planeta.

Viaje en estado puro, el bungaló está en una playa cerca del volcán, a unos pocos Km del aeropuerto, esos pocos Km se convierten en una hora larga de camino en 4x4, el chofer está bajo los efectos del Kava pues nos dice que ha tenido una boda, me tranquilizo pues conoce como la palma de la mano los baches y sorpresas del camino, además es pariente de la propietaria de mis bungalós. Al final llegamos, se detiene el diesel del vehículo y siento que el cerebro quiere salirse del cráneo, cada pocos minutos la tierra tiembla y después se ve a lo lejos la humareda que sale del volcán. Me reciben con sentido de la hospitalidad y un zumo de limón. A mitad disfrute me doy cuenta que estoy muy lejos de casa y solo debo beber agua embotellada si no quiero tener problemas. Pido algo de comer pero no hay nada hasta la cena. Estoy agotado, me retiro a mi bungaló/choza y me quedo dormido. Tal vez por los rugidos del volcán sueño con ciertos protozoos y criaturas unicelulares.

No sé cuanto tiempo después me despierto con hambre, tengo una bolsa de galletas enorme que será mi amiga y compañera durante mi estancia en el bungaló. Por la tarde se organiza un viaje al volcán Yasur o de Tana con una familia neozelandesa muy enrollada que ha llegado, somos los únicos turistas en toda esta parte de la isla. La hija pequeña está enferma y es que este viaje es duro.

El volcán no defrauda, siempre está en erupción y a excepción de algunos días que está muy “enfadado” y las autoridades declaran alerta máxima prohibiéndose el acceso, se puede visitar hasta el mismo cráter y observar las erupciones. El canal por el que sale la lava tiene 45º de inclinación, con lo cual si nos colocamos en la posición opuesta a la salida del magma podemos observarlo perfectamente. Considerado montaña sagrada por los locales, no se deben lanzar piedras al cráter, trae mal fario.

Algunas noches habrá fiesta en la playa, se reúnen alrededor de una hoguera y cantan durante unas horas con esas guitarritas diminutas de cuatro cuerdas del pacífico y latas y caracolas, si eres un hombre maduro como yo y te acercas a la hoguera te sacarán las mujeres mayores a bailar en medio de gran regocijo, todo con un fino respeto y buen rollo hacia el extranjero.

Alguna tarde fui invitado a las aldeas a beber Kava pero tuve que rechazar la invitación pues aquí se prepara escupiendo en un cuenco común, los neozelandeses fueron más valientes y sí que fueron.
Al cabo de unos días de playa y paseos por las aldeas, regreso al aeropuerto de la isla destino Port Vila. En el camino, vemos fieles de la secta “cargo” con una cruz roja dibujada en el pecho, son seguidores de un marino americano que arribó como naufrago, los aparatos que trajo consigo y el hecho de ser negro ,que ellos nunca habían visto, hizo que lo tomaran por una especie de mesías y hasta hoy...


Emilio Gómez de Membrillera.
Godella 2012  
 

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