UniDesert 2013

Experiencia, formación, aventura y solidaridad en Marruecos

Es posible que haya quien nunca ha oído hablar de UniDesert, si es así, lo primero que deberíamos explicar es que se trata de una aventura solidaria en la que equipos formados por dos estudiantes recorren más de 2000 km por Marruecos… ¡con un coche de más de veinte años! Por el camino, todos los equipos colaboran con diversos centros escolares donando material docente y/o sanitario.

Pero esta aventura no empieza cuando cruzas la frontera en Ceuta. La ruta empieza mucho antes, a principios de diciembre pasado, cuando seis amigos decidimos inscribirnos y participar con tres coches formando el equipo Tracción Solidaria. Desde entonces, y hasta llegar a la línea de salida a finales de febrero, son necesarias muchas horas de trabajo para conseguir tenerlo todo a punto.

Hay que buscar coche, revisarlo y adecuarlo para el desierto; hay que buscar patrocinadores que nos den apoyo material y económico; hay que conseguir cuadrar fechas entre el resto de obligaciones; y, por supuesto, también hay que conseguir material solidario para poder donarlo en ruta. No todos los equipos llegan a tiempo para subir al ferri en Algeciras, pero los que lo hacen tienen premio: una semana de ruta y competición por lugares increíbles de la geografía marroquí.

Solo hace falta salir de Tánger para llevarse la primera sorpresa: ¡Marruecos es verde! El cuentakilómetros avanza y te das cuenta que mientras ayer estabas en casa, esta noche dormirás en Midelt, a los pies del Alto Atlas. Y justo antes de llegar al final de la primera etapa te llevas la segunda sorpresa: ¡en Marruecos hay nieve! No ha sido una etapa muy difícil y tenemos ganas de probar los coches así que atascar uno en la nieve nos parece una muy buena idea…

En los días sucesivos nos acordamos de “aquel momento en que atascábamos los coches por placer”, pues es a partir del segundo día cuando el asfalto desaparece y deja lugar a tierra, piedras y lo más complicado: ¡arena! Es el momento de demostrar nuestras habilidades de navegación y orientación, el roadbook y la brújula son ahora lo único que nos guía, el GPS está prohibido y respecto al mapa de carreteras, bueno, hace rato que ya no las hay. Empieza la competición, gana el equipo que menos se pierda.

Durante tres días cruzamos el desierto bordeando la frontera entre Marruecos y Argelia. Por el camino nos vamos encontrando poblaciones de distinto tamaño: Er Rachidia, Erg Chebbi, Fezzou… Durante el día disfrutamos de paisajes que impresionan a cualquiera y ahora, en vez de perros callejeros, de vez en cuando nos sorprende alguna familia de dromedarios. Perfeccionamos nuestra técnica al volante en tramos de arena y para cuando todo falla, con ayuda de los habitantes de la zona, aprendemos la mejor forma de desatascar un coche.

Y no solo recibimos su ayuda en forma de conocimientos, también hemos venido a aportar nuestro granito de arena (chiste fácil en el desierto) con el material que cada equipo ha transportado. Por eso la organización ha contactado con varias instituciones en las que poder dejar entre 30 y 100 kg por coche de cuadernos, bolis, carpetas, ropa y material sanitario, entre otros.

Por las noches, después de un largo día de ruta, hay que reponer fuerzas en los campamentos. Todos tenemos anécdotas que contar y la cena es el momento perfecto para reunirse con los demás participantes y compartir experiencias. En la reunión con la organización se dan las últimas advertencias para la etapa del día siguiente y antes de ir a dormir toca mimar a los coches, ¡hay algunos que ya están muy mayores!

No es hasta el quinto día cuando llegamos a Zagora, en el Valle del Draa, y encontramos asfalto otra vez. Aprovechamos para comer dátiles de la zona y de camino hacia Marrakech visitamos la ciudad fortificada de Aït Ben Haddou, declarada por la UNESCO en 1987 Patrimonio de la Humanidad.

Se está acabando la semana y a pesar del cansancio acumulado todos tenemos ganas de ver más. Por suerte, un día en Marrakech da para mucho: fiesta de llegada, paseos por la ciudad, regateos en el Zoco, entrega de premios a los ganadores (¡felicidades!) y para acabar el día, cena en el centro de la Plaza de Yamaa el Fna.

Después llega lo más duro, darse cuenta que es hora de volver. Llevar los coches de vuelta a Tánger, y en el ferri, otra vez hacia Algeciras, pensar en todos los momentos e imágenes que se nos han quedado grabados estos últimos días. Llegados a la península, algunos aún tenemos muchos kilómetros hasta casa, y solo queda una cosa pendiente: dar las ¡GRACIAS! a todos los que han hecho posible y nos han ayudado a vivir esta aventura… ¡y esperar a la segunda edición en febrero de 2014!


Sergio López-Dóriga
 

Imagen de tribuAltaïr

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