La excepción

San Pedro de Atacama y Uyuni, la cosa cambia por completo, la tétrica línea separa dos mundos realmente muy diferentes. Cambian los edificios, cambian los equipamientos, cambian las carreteras, cambian los acentos y cambia la gente, sobretodo cambia la gente.Evo Morales mientras el mismo Evo Morales te estampa el sello en el pasaporte y apunta tu nombre en una libretita de espiral. Ni una pregunta, ni un control, ni una miradita de reojo a la maleta.>gran salar, laReserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, dos días de travesía entre pueblitos y bolivianos, lagunas de todos los colores, blancas, verdes, coloradas; manadas de flamencos, de llamas, de vicuñas; volcanes inactivos y alguno activo, montañas pintadas de todos los rojos, desiertos de caprichosas formas y caprichosos nombres, un panorama sensacional, una grandiosidad a escala sobrehumana, una soledad de otro planeta. Dos días de baba continua, de ohs perpetuos, de bocas abiertas. Lo mejor que hemos visto.

La vida me ha enseñado, que no la escuela, que las fronteras son líneas imaginarias que los hombres han trazado a fuerza de sangre y estupidez. Líneas que siempre dividen y casi nunca respetan lo que predican, la integridad de pueblos y culturas. Ésto se da, sobretodo, cuando los pintores de fronteras llegan de tierras lejanas intentando vender su mercancía, civilización, religión, democracia, a cambio de arramblar con todo lo valioso que puedan encontrar. Sudamérica, pues, es terreno abonado para que se cumpla la regla.

Pues no, todo este rollo para contar que no, que cuando cruzas la frontera de Chile a Bolivia, por lo menos la que encuentras entre

El primer contraste, la aduana. Mientras camino de Chile revisan de arriba a abajo tus bolsas en busca de productos prohibidos, no está permitido introducir en el país según qué clase de alimentos, al entrar a Bolivia sólo encuentras una caseta destartalada, una caseta de adobe más muerta que viva con un autobús antiguo y desballestado como única compañía, donde te recibe acogedora la foto de

Una vez superado el trámite, un 4×4 inicia su camino a Uyuni, un 4×4 porque la carretera sólo acepta ese tipo de coches, la muy puñetera. Tamaña carretera tiene una gran desventaja, el camino es muy incómodo, pero tiene una ventaja inconmensurable, hay muy poco tráfico lo que le da la sensación de soledad que requiere el paisaje.

Cuando paras a comer, a dormir, en humildes casitas donde no siempre hay luz, donde no siempre hay agua, te topas de golpe con la gran diferencia. Las facciones de la gente han cambiado radicalmente. Ya sólo encuentras pieles morenas y ajadas por el sol, ojos achinados que recuerdan que las primeras tribus americanas llegaron de Asia, indumentarias tradicionales, las mujeres con sus dos largas trenzas de pelo negrísimo, con sus bombines en la cabeza, con sus fardos o con sus hijos atados a la espalda. Indumentarias tradicionales tradicionalmente impuestas por los españoles, que los bombines no estaban de moda por estos lares antes de Colón. Una gente que lleva escrita su procedencia indígena en la piel.

Y en medio de todo ésto, antes de instalarnos a los pies del

Bienvenidos a Bolivia.

-Javi Agudo-

Imagen de tribuAltaïr