Revista Altaïr 68: Nueva York

     Cambia tan deprisa que, cuando piensas en ella, ya no es como la recuerdas. Nueva York se reinventa a cada instante. Quizá por eso sus muchos adictos regresan una vez tras otra: porque cada vez descubren una ciudad nueva, excitante y desconocida. Permanecen, claro, algunas presencias: la Estatua de la Libertad, Central Park, aquel museo, ciertos edificios... Ayudan a moverse por la Gran Manzana. Pero nadie va hoy a Nueva York para ver el pabellón donde boxeadores míticos se hicieron un huequecito en las enciclopedias a base de crochets y uppercuts, ni el parque donde cantautores carismáticos dieron conciertos multitudinarios. Frenética, vertiginosa, aquejada del “síndrome de mujer de Lot”, la ciudad vive instalada en un presente continuo nada proclive a la nostalgia. Su inmediatez es tan absorbente que —le reprochan sus críticos— la incapacita para la reflexión. 


   

    La ciudad, en cualquier caso, destila las virtudes y las limitaciones de nuestro tiempo: imaginativa, emprendedora, abierta a la experimentación y a todo lo nuevo, sensible, generosa, también puede resultar fría, insustancial e incluso mezquina. Los mejores cerebros del mundo dan forma al futuro en sus calles —nuestros museos de mañana, ya existen hoy en Nueva York; también los centros comerciales, las salas de cine y teatro, las comisarías, los asilos para menesterosos...—, en una competencia feroz en pos del éxito. Este no existe fuera de la Gran Manzana. Como el bailarín pueblerino y entusiasta que llega a Times Square en Cantando bajo la lluvia, con la esperanza de que la ciudad avale su talento, también los mejores chefs, arquitectos, profesores universitarios, cirujanos o músicos del mundo peregrinan en busca de un elogio, de un guiño, de una caricia de la Gran Manzana que les abra oficialmente las puertas del Olimpo de su disciplina.


    Hay muchos argumentos para amar Nueva York, y algunos para mirarla con desconfianza. Pero, desde cualquier punto de vista, la ciudad es una referencia que no se puede obviar. Quien quiera averiguar las razones, el monográfico nº 68 de la revista Altaïr las enumera de un modo riguroso y divertido, a través de una docena de reportajes de los mejores especialistas en la ciudad.


 

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