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Revista Altaïr 65: Japón, belleza sutil

Pasan desapercibidos, pero siempre están ahí. Se han integrado tanto en nuestra vida cotidiana, que ni nos damos cuenta. Para confundirnos, a veces adoptan la forma de turista, con sus vistosas gorritas, la grabadora de vídeo y una sonrisa. No te fíes, es solo su versión evidente, la más inofensiva. Ahora mira a tu alrededor: observa tu equipo de música (Sony o Panasonic), el televisor (Sanyo), el lector de dvd (Toshiba), tu cámara (Nikon o Canon), el coche (Nissan o Toyota), la moto (Honda o Yamaha), el ordenador, la consola de videojuegos, ¡tu guitarra eléctrica! Hay que hacer algo. Para empezar, estudiarlos donde menos se lo esperan: en su propio terreno.


Ahí descubrirás un montón de cosas insospechadas. De acuerdo, son trabajadores, tenaces y disciplinados. Pero también amables y muy hospitalarios. Además, les gustan los extranjeros, y se esfuerzan por hacer su estancia agradable. Nadie les gana a modernidad. Sin embargo, no tuvieron que vender su alma colectiva para acceder a ella. Modernos y tradicionales. O modernos y auténticos, dilo como quieras; sencillamente, son “muy japoneses”. Olvídate de globalizaciones.


Lo han pasado mal. En algunos momentos del pasado, perdieron el Norte y cometieron atrocidades. Ya pagaron por ello, más que nadie: las dos únicas bombas atómicas explotadas sobre personas, cayeron en Japón. Aprendieron qué es el horror y se sobrepusieron. En pocas décadas, pasaron de la desolación a la prosperidad. Oirás que solo copian. Es mentira: aprenden, mejoran, innovan. Y trabajan, muchísimo.


De ahí vienen parte de sus problemas. Por una parte, empieza a no haber trabajo para todos. Por otra, no todos los individuos, las personas, son capaces de soportar ese esfuerzo continuo, esa presión: algunos se rompen. Depresiones, fugas, suicidios; no es fácil ser japonés. Otros se refugian en estéticas llamativas que, además, aportan complicidades. Comprobarás que las ciudades japones son un escenario divertido donde coexisten más espectáculos de los que imaginas.


En ellas encontrarás, claro, la prevista avalancha de neones, la arquitectura futurista, las multitudes que suben al metro o esperan una autorización para cruzar la calle. Pero también los jardines más exquisitos, los templos y palacios más deliciosos, el silencio. Sobre todo, míralos a ellos, mucho, cuanto puedas. Tienen mucho que enseñarnos: a apreciar la armonía del canto de los grillos y cigarras, el crecimiento de una brizna de hierba, la perfección de un grano de arena, el estruendo de un pétalo que se estrella contra la tierra.


Anímate y aprovecha la oportunidad. Nunca fue tan factible el viaje a Japón. Primero, por la ventajosa paridad entre euro y yen. Y segundo, porque en el monográfico nº 65 de la revista Altaïr, dedicado a Japón, encontrarás todo lo que debes saber para hacer de tu estancia, una experiencia memorable.




 

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