Clasificado en:

Revista Altaïr 58: Estambul

Hay ciudades preciosas que acaban atrapadas en su propio encanto. Ensimismadas como Narciso, degeneran en un escenario monumental pero yermo; en una parodia de sí mismas. Desde luego, no es el caso de Estambul. En pocos años, la ciudad se ha sacudido la nostalgia y enfiló su proa hacia el futuro sin contemplaciones. Los cambios urbanísticos han sido drásticos, pero los mentales fueron aún mayores. Estambul, que quede claro, es hoy una ciudad moderna, dinámica, inquieta y en ebullición. Una capital efervescente y hedonista, con una agenda cultural de campanillas, y una juventud ávida de experimentación y descubrimiento.

Permanecen, qué duda cabe, las majestuosas mezquitas, los opulentos palacios y todo cuanto hizo de la ciudad una meca romántica. Son una parte irrenunciable de la historia local. Pero los domadores de osos, los vendedores ambulantes de sanguijuelas o los adivinadores del futuro a través de avispados periquitos, habituales hace apenas quince años, son ya parte del pasado. La antigua puerta de Oriente es hoy la puerta de Europa.

La ciudad, es cierto, ha perdido exotismo. La modernidad lo barrió, confinándolo a algunas presencias teatrales para consumo turístico. Pero Estambul sigue siendo avasalladoramente bonita. Incluso más que nunca. Quien lo dude, puede comprobarlo en el monográfico número 58 de la revista ALTAÏR, que da un exhaustivo repaso al pasado y al presente de una ciudad, por muchas razones, única.
 

Imagen de revistaAltair

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado.
CAPTCHA
La siguiente pregunta es para prevenir el spam automático en los envíos.
Image CAPTCHA
Copy the characters (respecting upper/lower case) from the image.