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Indiana Jones y Lara Croft, pareja de hecho

Se han conocido en la pantalla: son el uno para el otro. Arqueólogos, aventureros, disociados entre una vida normal y otra de ensueño, bulímicos gimnastas y devoradores de anabolizantes, ambos aman el cuero y los misterios sin resolver, uno busca cosas como el Arca Perdida, la otra La Caja de Pandora y, los dos, controlar poderes mágicos, o sea, ser como Dios.

Hay que ver con qué parafernalia mediática ha llegado la cuarta entrega de Indiana Jones. He leído una docena de críticas y reseñas (todas menos una, escritas por hombres) y he visto en ellas más ganas de empaparse en ese “tebeo para niños, o para adultos que quieren serlo”, como leí en unos de los editoriales de El País, que capacidad para hacer una lectura crítica de su principal mensaje: el sentido de la aventura.

El problema es la banalización del envoltorio, el pasote de mamporrerismo pueril, la orgía cargante de acción con la que se busca el asombro. Porqué aquí lo principal es hacer taquilla. Desnudar el mito de Indiana Jones no es fácil, pues lo que hay de útil bajo el sombrero marrón, la cazadora de cuero, el zurrón en bandolera y el látigo enrollado sujeto al cinto es un efectista icono visual que habla del deseo de ser valeroso ante la dificultad, perseverante en la creencia, algo cínico en la metodología para sobrevivir, y, sobre todo, una fe ilimitada en sí mismo, saberse casi invulnerable.

Todo está en el  arquetipo del héroe fabricado por los griegos. Es un gran tema. Entonces, ¿porque la mayor parte de las reseñas y críticas (si, escritas por hombres) apenas lo mencionan  y llenan ríos de tinta desmenuzando naderías: los efectos digitales, la vulnerabilidad a las serpientes, -porque, ay, algún defecto tenía que tener-, lo muy en forma que está Harrison Ford a pesar de su edad, que si el guión pasó por doce manos, o que si han transcurrido exactamente 6.935 días desde que vimos a Indy cabalgando hacia el rojo amanecer…

Sólo de vez en cuando alguna voz empieza a fijarse en otras cosas: tanta parapsicología, tanto misterio sin resolver… vaya… qué casualidad que coincida con esa tabarra sobre el creacionismo que quiere volver a las escuelas norteamericanas. ¿Será la nostalgia de dios de la que habla Steiner?. Y, bueno, que si a la que te fijas  se ve el plumero… esa obsesión por el poder y por controlar el mundo, siempre tan necesitado de una limpieza moral en nombre de los buenos… Y por cierto, ¿no es un poco rara la relación de Indy con las mujeres? Es más… ¿Dónde están las mujeres? ¿Cómo es posible que sus inteligentes guionistas se hayan olvidado de ellas? ¿Ni siquiera tiene madre?

No, Indiana Jones no tiene madre, así que toda esta incógnita la podría resolver el psicoanálisis en un plis plas. La cuestión es entender por qué los creadores de estos midas  de taquilla, por qué los agentes culturales que los diseccionan hasta el absurdo y por qué la gran masa de espectadores que las consumen no ven nada anormal en una apoteósica anormalidad: la de la ausencia de modelos femeninos en los que reconocerse la gran mayoría de mujeres. En la saga del hombre del sombrero no hay jamás mujeres reales y no sólo como figurantes o como extras.

Los modelos que han aparecido hasta el momento son más de los mismo: débiles, temerosas, gritonas, torpes, dispuestas a abandonar cualquier proyecto personal si se lo pide su héroe y siempre un lastre que entorpece la acción, un tributo que pagar… En el otro lado la mujer fría y calculadora que encarna fantasías de castración, que diría Freud. La mala, mil veces mala, por su poder maléfico de seducción (Kate Blanchett sí que pone). Tipología habitual: Buena/Mala; María/Eva; Afrodita/Hera; Madre/Amante… En esta última entrega se riza el rizo: aparece su novia Marion desaparecida tras el primer capítulo. No lo hace como aquella dama de rompe y rasga de la que se enamoró Indy, capaz de ser una perfecta compañera de aventuras, sino que aparece como madre del hijo jovencito que nació tras ser abandonada. Así que hay boda y se acabó la movida. Sólo Jane pudo tener un destino más exótico con Tarzán.

Sí, a las mujeres también nos gustaría tener modelos en los que reconocer una idea de la aventura. Como dice Milo Manara, creador de cómics, la aventura   siempre se debiera construir sobre la autodeterminación. Ser dueño de sí sin desvincular, decidir posibilidades ilimitadas para la exploración y la acción. Y puestas a pedir, apostar por un modelo de aventura que sea menos evasiva y más comprometida. Algo de eso está en la literatura de Conrad, Stevenson y London. Pero Hollywood responde creando modelos de heroínas tan falsas como ridículas. Modelos desvinculados de la realidad como el de Lara Croft, alter ego femenino de Indiana Jones. Bueno, pues que se casen, son tal para cual…  

Imagen de pRubioRemiro

Comentarios

Esto es realmente bueno.

Esto es realmente bueno. Estoy de acuerdo con tus comentarios. Yo no hubiera podido expresar mejor el cúmulo de despropósitos de este llamado icono de la aventura. Creo que te has quedado corta. Indiana JOnes y sus creadores apestan a machismo.

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