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Si Gandhi levantara la cabeza...

 ¿Sirve de algo tomarse la justicia por su mano? Hasta la ley comprende en su defensa que la desesperación ante la injusticia atañe como un dilema moral a la propia Justicia.  Sorprende que en  India, el país de la tolerancia, la adición a la espiritualidad y la resignación alguien quiera reescribir los renglones torcidos de un pacifismo  a menudo poco  amigo de las mujeres.

El propio Gandhi mantuvo un discurso contradictorio sobre el papel de las mujeres en el futuro de la India independiente. Es un tema que da para largo. Y si vamos a  lo personal, mejor corramos un tupido velo al recordar los escabrosos  experimentos de celibato durante su madurez y por  los cuales dormía a veces en compañía de niñas y mujeres desnudas. La verdad detestable de este capítulo de su biografía se oculta, o se deja a un lado, como corresponde al estatus de semejante  icono moral que facilitó sentido y argumentación no sólo a la causa de la Independencia de la India, sino a la del pacifismo de algunos de los grandes movimientos sociales de la segunda mitad del XX.
Sampat Pal también es una líder, una pedazo de líder para ser exactas y a juzgar por cómo se las gasta, bien parece que hubiera sido capaz de poner algunos puntos sobre las íes al propio Gandhi , caso de haber sido contemporánea y haber tenido acceso a sus círculos íntimos. Filosofía de Sampat Pal en cuanto a la violencia: si alguien te levanta la voz, grita más que él; si alguien te pega, pégale más. ¡Si Gandhi levantara la cabeza….¡
Claro  que para Sampat Pal este ideario sólo es aplicable en casos extremos. Para los casos comunes y ordinarios basta con no dejarse amilanar, tener paciencia para explicar los argumentos y desarrollar imaginativas tácticas de guerrilla. Desde 2006 ha creado y uniformado el Gulabi Gang, un pequeño ejército de mujeres que visten un llamativo sari de color fucsia y van armadas con lâthis, livianos bastones de caña. El objetivo de sus misiones: restablecer la justicia social en algunas de las miserables aldeas de Uttar Pradesh y, especialmente, si  se ceba con las mujeres.  Las formas de crueldad que ha desarrollado esta cultura, tan loable en otros campos, contras las mujeres han sido aterradoras. Ahora mismo un 46% de mujeres son analfabetas, frente a un 24 % de hombres. Aún mueren al año unas 5000 mujeres por causa de la fastidiosa dote y el 65 % de ellas se ha casado antes de los 18 años. En la ratio de población total faltan 25 millones de niñas por año, debido a los abortos selectivos, las muertes no aclaradas y las condiciones de salud de las madres en sus partos, en un país cuya población rural se eleva al 70 %. Hay, incluso, alguna región en la que sólo hay 600 mujeres por cada 1000 hombres. ¿Significa ésto que deberían ser tratadas mejor, aunque sólo fuera por una actitud egoísta y no digamos ética, o de supervivencia? Seguramente es una idea presente en las cavilaciones de Sampat Pal y en su llamada a la rebelión: “Sé que mi causa es justa. Esta certidumbre me evita el miedo. La autoridad no me impresiona”.
Es una idealista, aunque algunos de sus métodos nos parezcan radicales o asomen dudas,  como la de que sus miembros tengan que pagar alguna cantidad por pertenecer al ejército rosa. Sobre este espinoso asunto Sampat Pal cree que es necesario romper el círculo de la victimización. “Si una mujer acude al Gulagi Bang para que le solucionemos un conflicto, ella tiene que hacer lo mismo por otra y tiene que colaborar con el grupo, por eso le hacemos pagar una pequeña cantidad y le damos la posibilidad de que también actúe”, explica en el libro (El ejército de los saris rosas, Planeta) donde relata sus poco ortodoxas ideas.
Difícil y espinoso juzgar sus métodos. Son efectivos.  El principal: aglutinar un colectivo bajo la idea de que la unión hace la fuerza pues “es fácil mandar a paseo a una mujer sola, pero es imposible sacarse de encima a cien” y eso siempre se le dio bien a esta mujer de carácter: “Yo poseía un don para movilizar a las mujeres y mi único recurso era mi fuerza de persuasión”. Hay más: el Gulagi también acude presto donde haya que restablecer una justicia elemental y no sólo contra las féminas.  Su Pink Politik también actúa sobre  conflictos tales como el de las   cabras de unos y otros paciendo aquí o allá y generando altercados en la comunidad,  que en la India, como en tantos otros lugares, son todo un clásico y producen  tremendas trifulcas. Otra vez será el litigio comunal violento que se ha organizado porque unos dalits (casta de los intocables) han osado beber en el pozo de los brahmanes (casta superior) y últimamente el Gulagi Bang se dedica a asuntos de mucho mayor calado haciendo uso de una imaginación que acaba por humillar a los corruptos. Por ejemplo en el lamentable mangoneo que originó las cartillas BPL (Below Poverty Line). Estas cartillas de alimentación básica las concede el gobierno para aquellos que viven en la extrema pobreza, pero en el distrito de Atarra, en Uttar Pradesh donde actúa nuestra vengadora justiciera ,los alimentos son desviados a otras manos para comerciar con ellos. Sampat Pal resolvió el problema reuniendo a su ejército rosa, pero también a todos los perros callejeros que pudo reclutar, a los que se les pintó de rosa y se les colgó  un cartel con el nombre de las comisarías inculpadas en este fraude.  No hizo falta prolongar mucho esta peculiar sentada  canina para que el asunto del abastecimiento empezara a desbloquearse. Ahora se dedica a vigilar el programa estatal de Empleo Rural Garantizado por el que a doscientos distritos de economía miserable se les dota con cien días de empleo y sueldo con el que hacer obras de mejora en los pueblos.  La cosa parece ir mejorando.
El éxito de Sampat Pal y su ejército rosa es hacer cumplir leyes que benefician a los pobres y sobre todo a las mujeres. Leyes que no se cumplen debido al cáncer de las corruptelas ante el que los más pobres entre los pobres se sienten indefensos, aunque “unidos tenemos el poder de dar la vuelta al orden establecido”.  Celia Amorós, filósofa y feminista, se preguntaba hace poco en las páginas de Babelia sobre el incierto porvenir de este peculiar movimiento social que hasta ahora, y peticiones no le han faltado, ha conseguido mantenerse al margen de la política oficial y las instituciones. También se preguntaba sobre la impresionante singularidad de esta líder de los saris rosas que no parece haber surgido “de un proceso inducido por las prácticas neocolonialistas de Occidente. Ni tampoco como una reacción espontánea sin más a formas de opresión que persisten a pesar de estar abolidas por las leyes. Hace falta que se produzca una peculiar interacción entre factores endógenos y factores exógenos”. Entre los primeros está claro que Sampat Pal es una mujer inimitable y única, una  líder carismática. Entre los segundos  la rabia infinita de los círculos transversales, por los cuales en la India de hoy  siempre hay algo peor que nacer pobre y de casta baja: nacer mujer.
 
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