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El tiempo detenido

La palabra viajar se ha desfigurado tanto que ya apenas nombra un remedo, un desaborido ir de acá para allá huyendo del tedio. En este panorama poco alentador   los relatos de viaje  raramente nos conmueven como lo han hecho aquellos  que narraban experiencias únicas, individualizadas.

Y no sólo por la pertinencia de la singularidad vivida, sino por el interés, la hondura, o la creatividad única con que fue narrado. Entre la media docena de nombres que ha dado el siglo XX, el del suizo Nicolas Bouvier dejó un singular y merecido aprecio en los gourmets del género porque, sencillamente, no se parece a ningún otro y el tacto aterciopelado y lírico de su prosa es de una rareza única.
Aunque es toda una figura de culto en la narrativa de viajes francófona, la traducción en España a comienzos del dos mil de su obra fetiche El uso del mundo en la colección Altaïr de Península, no tuvo, desgraciadamente, el eco que merecía. Ahora llega otra oportunidad con la  continuación del mismo viaje que dio origen a la obra citada, sólo que la experiencia da un giro radical y con ello el contenido. El uso del mundo narraba la primera parte del viaje que duró tres años del joven Nicolas Bouvier y que, sumando el recorrido,  le llevó primero de Belgrado a Kabul en compañía de su amigo el pintor Thierry Vernet; después en solitario por la India, Ceilán y Japón. En total tres años que van de 1953 a 1956 ¡Y eso que había salido con dinero para cuatro meses!.
El pez escorpión es otro capítulo de ese viaje, pero ya no contiene la desbordante alegría que da el uso efervescente de la libertad, sino la melancolía de las ataduras indeseadas que origina la enfermedad, la soledad y la falta de dinero para escapar de un lugar atenazante.  Aquí el viaje se vuelve interior y puesto que ya no se vive en un espacio cambiante, el relato ha de ocuparse de la inmovilidad y del escaso espacio vital que es su cuartucho y apenas una calle, Indigo Street, donde transcurre un goteo de meses sin mucho más que hacer que redactar, penosamente, artículos que  solventan sus necesidades más elementales. Contar esta desolación,  los meses varados en Sri Lanka, en la que ni siquiera las pocas personas con las que trata tienen nombre, es todo un reto que el escritor salva enfocando la miniatura y depositando en ella una inteligente y sensible capacidad de empatía. Cada frase está torneada morosamente como las aristas de una piedra preciosa. Después de todo le llevó  veintisiete años  poder afrontar la escritura de este relato. (El pez escorpión. Nicolás Bouvier. Altaïr. Col Heteredoxos)
 
Imagen de Anónimo

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