Tras los pasos de William Dalrymple

Se acerca el verano. Quien más y quien menos, ya ha empezado a preparar su viaje estival. Es el momento de elegir dónde, cuándo y, sobre todo, con quién. Y en este último apartado no sólo incluyo a las personas, sino también algo tan imprescindible como un buen libro.

 Éste debe tener, en mi opinión, unas características muy definidas. En primer lugar, que no sea tan voluminoso que en algún momento del trayecto tengamos la tentación de abandonarlo para aliviar el peso del equipaje. Por supuesto, nada de pasta dura. Las ediciones de bolsillo son las ideales. En segundo lugar, que no sea tan escueto que ya en la sala de espera del aeropuerto nos lo hayamos leído. Conviene echarle un vistazo previamente para constatar que ni los amplios márgenes ni el desmesurado tamaño de la letra van a convertir su lectura en un fugaz pasar de páginas. Y, en tercer lugar, que intuyamos que su contenido nos va a ‘acompañar’, ya sea entreteniéndonos en los momentos de más tedio o dándonos reposo después de una dura jornada.

 

Así, a bote pronto, la cosa parece sencilla, pero no lo es. En mi caso, cuando viajo, prefiero los libros ‘de viajes’. Y, si es posible, que su contenido discurra por donde lo hace mi peregrinar. Si no encuentro nada que me convenza, entonces echo mano de autores que sepan que no me van a ‘fallar’. Uno de ellos es, sin duda, el británico William Dalrymple.

 

A Dalrymple lo ‘descubrí’ por casualidad cuando una revista de viajes regaló junto al ejemplar el primero de sus libros en edición de bolsillo. ‘Tras los pasos de Marco Polo’ se titulaba, y en él William relataba como fue el largo viaje que emprendió en 1986, cuando contaba 18 años de edad, por el camino que siguió el emblemático viajero. Bien documentado, divertido en muchas ocasiones, William iba descubriendo qué quedaba de aquellas tierras que recorrió el célebre mercader.

 

Tanto me enganchó, que inicié la búsqueda de nuevos libros de este autor. Localicé dos más. Uno, ‘Desde el monte Santo’, seguía un guión similar al del libro anterior, pero en esta ocasión el escenario eran las tierras de la antigua Bizancio. El segundo, ‘La ciudad de los Djinns’ era un original retrato de Delhi que consiguió el prestigioso premio Thomas Cook en 1994.

 

Ambos libros me dejaron un sabor de boca extraordinario, tanto o mejor que el primero. De hecho, no he parado de recomendarlos a mis amigos… y siempre con éxito. Lo que no he sido capaz es de encontrar ningún otro título de Dalrymple traducido al castellano –lo siento, el inglés que manejo no me permite enfrentarme a un libro con garantías de disfrutar más de su contenido que sufrir con su traducción-. Tal vez alguno de los que lean este post pueda echarme una mano. Y si no es así, que al menos se atrevan a recomendarme un libro sobre Irlanda –tanto la República como la del Norte-, que será mi destino este verano y para el que ya estoy buscando acompañante… en edición de bolsillo.

Imagen de oLopez-Fonseca

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