Clasificado en:

El limbo de los periodistas de viajes

Hace algo menos de un mes saltaba la noticia. Thomas Kohnstamm, colaborador de la editorial 'Lonely Planet', publicaba un libro sobre sus aventuras por los cinco continentes. Titulado ‘Do Travel Writers Go to Hell?’, no hubiera pasado de tener una pequeña referencia en las páginas culturales de los periódicos si no hubiera sido porque contenía pasajes polémicos, en los que el autor admitía que se inventó la guía de viajes sobre Colombia porque la editorial no le pagó lo suficiente para viajar al país sudamericano.

La afirmación –cuya veracidad no pongo en duda- no sólo ha puesto en cuarentena la validez de las guías de viaje en un momento en el que muchos comenzamos a preparar nuestras vacaciones de verano y a curiosear por las librerías estos libros que deben, en teoría, ayudarnos a hacerlas más interesantes, sino que ha puesto sobre el tapete la verdadera y precaria situación de la mayoría de los periodistas de viajes.

Se lo dice un periodista que, por fortuna, compagina esta vertiente de la profesión con una mucho menos atractiva, como es el periodismo político, pero que me permite pagar la hipoteca y el colegio de mis dos hijas. Y lo aseguro porque conozco multitud de casos de compañeros que se ven obligados a escribir sobre destinos en los que nunca han estado o a alabar rincones que no recomendarían al peor de sus enemigos por la estricta necesidad de ganar el dinero que les permita vivir. No lo hacen siempre, no crean, pero sí más de las que les gustaría hacer. Doy fe de ello.

No voy a dar nombres ni apellidos, pero sí me voy a referir a un par de casos que me tuvieron a mí como protagonista. En cierta ocasión, el director de una revista de viajes me telefoneó para que le hiciera un texto sobre Eritrea. Tenía sobre su mesa unas maravillosas fotografías de este país africano y no encontraba nadie que hubiera estado allí. Me llamaba porque alguien le había dicho que yo lo conocía. Cuando le dije que yo tampoco había estado en Eritrea y le señalé que el destino que conocía en realidad era la vecina Etiopía, me espetó que daba lo mismo, que tampoco habría tanta diferencia. El hecho de tener una nómina me permitió negarme, pero reconozco que alguien con problemas para llegar a fin de mes hubiese buscado buena documentación y se hubiera puesto manos a la obra.

En otra ocasión, una revista me encargó un texto sobre una isla española. Se lo envié en plazo, con la extensión ajustada y con recomendaciones para visitar o evitar determinados lugares. Dos meses después, la revista publicaba un reportaje con ese destino y con mi firma, pero con el texto totalmente cambiado. Monté en cólera, porque lo que habían dejado era el típico texto de folleto turístico en el que todo eran maravillas, puestas de sol y “no se puede dejar de visitar”. La responsable de los textos se justificó asegurando que en su revista no se podía hablar mal de los lugares y que si no me gustaba la filosofía de la publicación, ya sabía lo que tenía que hacer. Me volvieron a llamar, pero desde entonces me he negado a escribir una línea en un lugar que no respetan la autoría de los textos y, por supuesto, la capacidad para hacer críticas.

Insisto que mi situación es diferente a la de la mayoría de los periodistas de viajes, quienes dependen del capricho de los directores de estos medios para llegar a fin de mes, y por ello puedo permitirme el lujo de rechazar trabajo. Sé que otros también se han rebelado contra esta dictadura de los editores, que han decidido dejarlo todo y montar una panadería, un chiringuito en una isla del Índico o convertirse en jugador profesional de póker por internet, pero muchos no pueden porque lo que más les gusta es viajar. Y vivir de ello es un verdadero lujo, aunque en ciertas ocasiones haya que tragar saliva y, como Thomas Kohnstamm, taparse la nariz para seguir viviendo. De una cosa estoy seguro: los periodistas de viajes no van al infierno. Como mucho, al limbo.

Imagen de oLopez-Fonseca

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado.
CAPTCHA
La siguiente pregunta es para prevenir el spam automático en los envíos.
Image CAPTCHA
Copy the characters (respecting upper/lower case) from the image.