Discúlpenme si me salgo un poco de la temática viajera en este post y decido ponerme a hablar de fotografía o, mejor dicho, de megapíxeles, esa maravillosa palabra que muchos mencionan con creciente orgullo cuanto mayor es su número. Sí, voy a hablar de esa costumbre española de comprarse cámaras con 'muchos' de esta palabreja, aunque al final la mayoría limite su actividad fotográfica a sacar en papel una cuantas copias 10x15 de sus instantáneas. ¡Qué mejor momento que hacerlo ahora, cuando muchos se compran una para inmortalizar sus viajes!
Pónganse en situación. Gran comercio del centro de Madrid. Un dependiente intenta explicar a una chica joven las ventajas de tal modelo de cámara frente a otra, de estética más llamativa, pero de peor calidad. Después de muchas explicaciones en un lenguaje lo más llano posible, la chica le espeta un "sí, pero la otra tiene más megapíxeles y yo la quiero con muchos". Ante tal respuesta, el empleado tira la toalla, coge la cámara de tantos megapíxeles -quiero recordar que tenía 8, exactamente- y se la entrega a la cliente para que pase por caja.
Otro caso. Éste protagonizado por un amigo de mujer. En una cena en mi domicilio me comenta que ya tiene nueva cámara de fotos. Hacía algunos meses me había pedido consejo -le había explicado entonces la importancia de la lentes, las ventajas de las cámaras de marca fotográfica frente a las de marcas informáticas, la relativa importancia de los megapíxeles para el uso doméstico y un largo etcétera- y quizá por ello se sintió obligado a darme detalles de su flamante adquisición que, de hecho, llevaba encima. "¿Y cuál te has comprado finalmente?", le pregunté esperando que me hablar de Nikon, Canon u Olympus antes de que la sacara de la bolsa. "Una rosa", fue su respuesta. Ante mi cara de asombro me dijo que él quería una cámara de ese color y que, de hecho, cuando acudió a comprarla preguntó sólo por aquellos modelos que tuvieran la carcasa en dicha tonalidad. Sobre lentes y otras zarandajas, ni preguntó. Lo importante era la estética... de la cámara. Por cierto, incumplía 9 de cada 10 consejos que le había dado.
Estos dos casos pueden parecer ejemplos extremos, pero lo cierto es que marcan en sendos brochazos el panorama del mercado de las cámaras digitales en España, un país en el que somos muy dados, no lo olvidemos, a no leernos los manuales de uso de la tecnología que nos compramos y, mucho menos, a buscar aquello que realmente necesitamos. Quizá por ello los fabricantes de cámaras nos intentan 'meter' por los ojos el número de megapíxeles. Ya son raras las que no tienen, al menos, 7, y empiezan a ser habituales las de 8. Lo más curioso es que casi nadie necesita tantos en su vida diaria. Con una cámara de 3.2 sin zoom que maneja mi hija mayor he hecho fotos de las cuales he sacado ampliaciones a papel de DIN-4 e, incluso, DIN-3 de buena calidad. Imagínense qué se puede hacer con una de 8, 10 o 12 megapíxeles: ¡un cartelón para tapar una fachada!. Algo, reconozcámoslo, que no haremos nunca.
Ya lo dice el refranero. El burro grande aunque no ande. O, por el mismo precio, zapato de hombre. Pues eso, ¡viva el megapíxel! ¿Qué importa que sólo vayamos a imprimir fotos de 10x15? ¿Qué más da que tal vez ni eso y todas se queden en el ordenador? Lo importante es poder decir que uno 'la tiene' con más megapíxeles que su vecino de sombrilla, aunque no sepamos qué narices significa la palabreja de marras. ¡Si Unamuno levantase la cabeza!
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