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Viajar con niños (y II)

Hace unos días escribí unas líneas sobre la falta de costumbre de los españoles de viajar al extranjero con niños, sobre todo si éstos son pequeños. Con este ‘post’ pretendo dar unos consejos para hacerlo si alguno de mis lectores aún tiene dudas de que es posible embarcarse en esta aventura.

No obstante, que nadie se asuste de antemano. No pretendo dar ni clases de ‘buen papá’ ni sentar cátedra sobre cómo recorrer el mundo con nuestros vástagos. Son unos simples consejos que a mí me han funcionado.

Alternar. Un viaje sólo para ver ruinas y monumentos asusta al más pintado. Lo mismo que uno que sea simplemente sol, playa, cubo y pala nos aterra a más de un mayor. Por ello, lo mejor es alternar. No está de más buscar un destino que tenga costa para ir intercalando algún día de playa y dejar que los pequeños disfruten poniéndose como croquetas en la arena. Además, a nosotros tampoco nos vendrá mal descansar un rato tumbados al sol.

Combinar. Ver un museo puede ser un verdadero martirio para los más pequeños si no le buscamos el aspecto lúdico o, al menos, aquello que más les puede llamar la atención (las momias, por ejemplo, que casi siempre las hay). Aún así, al cabo de una hora reclaman salir a la calle hartos de ver vitrinas y no corretear. Una solución es prometer –y cumplir, por supuesto- que a la salida habrá algo divertido para ellos. Un ejemplo: el Museo del Louvre tiene partes que les pueden fascinar, como las de Egipto o aquellas en las que ven obras de arte que aparecen en sus libros de texto, con otras totalmente tediosas. Conviene estar más tiempo en las primeras e intentar pasar más rápidamente por las segundas. Además, una vez fuera se les puede llevar a los cercanos jardines de las Tullerías, donde se lo pasaran pipa en los estanques en los que por unos pocos euros alquilan pequeños barcos para que los empujen con pértigas. Mientras, los papás pueden descansar.

Interesar. Conviene pertrecharse de un buen puñado de leyendas sobre los lugares que vamos a visitar. De este modo, si damos un toque de misterio a la ruina o el paraje que pretendemos conocer, ellos se mostrarán siempre más interesados. Otras veces, basta con darle a la visita un barniz de reto deportivo. Subir a la cima del Vesubio, por ejemplo, puede ser toda una aventura para ellos si la ascensión se la adornamos con rasgos de aventura. Comprobado.

Compartir. Un cuaderno y unas pinturas pueden ser nuestros mejores aliados. Enseñémosles a hacer su propio diario del viaje. Que dibujen o describan cada día lo que más les ha gustado. Sin forzales a hacerlo todos los días. Que peguen hojas, billetes de metro, alguna moneda, una tarjeta de visita del restaurante donde les gustó comer… hasta convertir esas hojas en un pequeño tesoro que quieran enseñar y compartir con sus amigos cuando vuelvan al cole.

Y tu, ¿tienes algún ‘truco’ más?

Imagen de oLopez-Fonseca

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