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Viajar con niños (I)

¿Por qué los españoles viajamos tan poco con niños al extranjero? Ya sé que el índice de natalidad en este país es de los más bajos del mundo y que, por tanto, el número de críos es inferior al de otros países de nuestro entorno, pero no deja de ser llamativo que la imagen de familias españolas con pequeños en lugares más allá de nuestros vecinos Francia y Portugal no es algo habitual, ni mucho menos.

Sin embargo, en mis viajes por Asia y África he visto en numerosas ocasiones familias enteras de alemanes, suecos, británicos, franceses… a veces, incluso, con bebés. ¿Por qué nosotros no? ¿Tememos que les pase algo? ¿Creemos que es imposible disfrutar de un viaje con nuestros hijos reclamándonos cada cinco minutos un helado? ¿Sufrimos sólo de pensar cómo serían quince días con un “me aburro” de música de fondo? 

Mis hijas, en París

Les hablo desde la experiencia. Tengo dos pequeñas –la mayor, África, tiene nueve años, y su hermana, Yun, cumplirá en agosto los siete- y en un primer momento me pasó como a la inmensa mayoría. Días de playa para disfrute de ellas y terror mío, que nunca me gustaron las sombrillas, los cubos con palas y la arena entrando hasta el último de mis rincones corporales.

Sin embargo, desde hace tres años he descubierto que un viaje al extranjero puede ser muy gratificante para todos. Sólo se trata de ceder un poco todos. Es decir, ni todos los días de playa, ni tampoco sesión intensiva de historia del arte.

Es cierto que el “me aburro” no lo he erradicado totalmente, pero les aseguro que cada vez se involucran más en la preparación de los viajes: dan su opinión, piden destinos lejanos y, por supuesto, ni se les pasa por la cabeza un viaje de quince días a una localidad turística española con playa y más playa.  

Por supuesto, el viaje debo planificarlo de una manera totalmente distinta a como lo hacía cuando viajaba sin ellas, pero les aseguro que da tiempo a hacer de todo. Por supuesto, no soy partidario de los viajes ‘todo organizado’, de esos de folleto turístico en que si hoy es martes esto en Viena y si es miércoles, debe ser Budapest. Pero también es verdad que hay que llevar más cosas ‘cerradas’ que cuando un viaja sólo. En el término medio está la virtud, que decía Aristóteles. 

En mi próximo post prometo darles un par de consejos para viajar con niños. A mi me han ido bien y no tiene por qué no funcionar igual con otros chavales.

 

Imagen de oLopez-Fonseca

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