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Rumbo a Cabo Norte (I): Sexo, auroras boreales y japoneses

Acabo de regresar de un viaje a Finmark, la región norteña de Noruega y, además de confirmar que a estas alturas de año todavía hace un frío pelón en esta parte del planeta, he conseguido dar respuesta a esa pregunta que hace unas semanas os lanzaba desde este mismo blog: ¿están locos los japoneses? Definitivamente sí o, al menos, se lo hacen muy bien.

El objetivo de mi viaje no era otro que alcanzar el Cabo Norte, el confín septentrional de Europa, y divisar alguna aurora boreal. Para ello, me desplacé en avión hasta Troms, una ciudad más allá de Círculo Polar Ártico que es célebre por su universidad y su marcha nocturna. Desde allí iba a tomar el Hurtigruten, el barco que recorre la costa noruega hasta llegar a Kirkenes, ciudad fronteriza con Rusia.

En Troms, entre copas de vino portugués y bocados a un bacalao elaborado en un restaurante local por un cocinero valenciano llamado Alfredo, el jefe de prensa de la oficina de turismo de la ciudad, el risueño Knut, me comentó que hasta hace unos años los turistas japoneses acudían en tropel hasta estos parajes con un objetivo muy claro: ver una aurora boreal, esa formación lúminica de aspecto fantasmagórico que cruza caprichosamente el cielo nocturno en estas latitudes gracias a la conjunción del sol y el magnetismo del Polo Norte.

Nada que objetar, pensé en un primer momento. De hecho, yo estaba allí para lo mismo ¿o no? Pues no, Knut me comentó que la aspiración de nuestros amigos nipones va mucho más allá que la simple contemplación del firmamento. Al parecer -reconozco que aunque vi a bastantes japoneses esos días mi pudor me impidió preguntárselo para confirmarlo- están convencidos de que si son capaces de concebir un niño mientras la aurora boreal está en el cielo nocturno, el pequeño -o pequeña- conseguirá grandes cosas en su vida, tal vez un puesto de poder.

Esta versión sexual de la afición de los japoneses a las auroras la he podido confirmar a mi regreso a Madrid en internet, aunque el buscador me ha descubierto otros significados que para los hijos del imperio del sol naciente tiene el privilegio de ver una de estas maravillas luminosas: que si el que las divisa tiene suerte para el resto de su vida, que si aumenta la fertilidad de las mujeres... Vamos, que si ves una te cambia la vida a ti y a tu descendencia.

Lo cierto, es que los dos días que vi auroras boreales en el cielo durante mi viaje en el Hurtigruten, no estuve acompañado de demasiados japoneses en cubierta. Es cierto que tampoco había de otras nacionalidades. Claro que antes de que el lector saque conclusiones precipitadas sobre qué hacían entonces, tengo que reconocer que las bajas temperaturas -acompañadas de viento helado- hacían poco recomendable para la salud permanecer en cubierta más allá de lo necesario. Y los japoneses pueden que estén locos, pero tontos seguro que no son.

Imagen de oLopez-Fonseca

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