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Manual para no 'perderse' en una frutería tailandesa

Suele ocurrir en los viajes de más de una semana. Comidas fuertes, platos picantes y sabores distintos hacen que el cuerpo le pida a uno en un momento dado ingerir algo de fruta. Si estamos en Tailandia, ese deseo es fácilmente alcanzable, ya que este país asiático es un verdadero paraíso en este sentido. Pero también, puede convertirse en un auténtico galimatías.

Y no porque los fruteros nos hagan la vida imposible o no pongan de su parte para entendernos. Más bien al contrario. Sino porque una frutería en Tailandia es un lujo repleto de frutas desconocidas para la mayoría de los occidentales. Juzguen ustedes:

 

Rambutan (Ngaw, en thai): Con esos pelos que le asemejan a un puercoespín vegetal, es una de las frutas más sabrosas. Su temporada es entre mayo y septiembre, aunque en mi último viaje, el pasado mes de octubre, aún era posible encontrar algún puesto que los vendía. Eso sí, a un precio más alto.

Durian (Too-rian): Enorme, de aspecto casi fiero con sus puas exteriores, se necesita un machete para llegar a su corazón cremoso y de fuerte sabor y olor. Precisamente, este último detalle nasal ha llevado a los hoteles a prohibir su consumo dentro de sus instalaciones. 

  

Mangostán (Mahng-koot): Delicioso, su sabor recuerda al de los lichis. Como el rambután, su temporada va de mayo a septiembre. Los hoteles suelen ponerlos en las bandejas que dejan en las habitaciones para dar la bienvenida a sus clientes.

Manzana rosa (Chom-phoo). Le llaman manzana, pero tiene forma de pera. Bastante insípida, su color externo es casi rojo cuando está madura. Su mayor virtud: es muy refrescante, algo que se agradece en el clima tailandés.

Manzana dulce (Noi-na): Nuestra chirimoya, aunque mucho más dulce. Además, en el aspecto externo también tiene diferencias. Su piel muestra bastantes mas protuberancias.

Fruta del dragón: Su espectacular aspecto, con esa cubierta de capas rosas, esconde una pulpa más espectacular todavía: blanca con granitos negros. Sin embargo, tiene un sabor bastante insípido.

Y así podríamos continuar con la guava (farang), la fruta estrella (Ma-fueng), los racimos de pequeños longan (lamyai), la sapodilla (la-mood), el enorme jackfruit (kab-nune), los daku (long-kong) o los ya habituales en nuestros país mango y papaya. Pero tal vez sea bueno dejar al viajero un pequeño margen para la experimentación. Buen y saludable provecho. 

 

Imagen de oLopez-Fonseca

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