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En la 'corte' de Merkel (2): El 'calimocho' berlinés y otras diez maneras de estropear una buena cerveza alemana

Lo reconozco. Soy lo que mi padre llamaba un 'catacaldos', alguien que ante un sabor conocido y otro por descubrir se decanta por este segundo sin dudarlo un minuto.Vamos, que nunca digo que no a una nueva experiencia gastronómica... por muy extravagante que pueda sedr. Por ello, cuando llegué a Berlín, una de las primera cosas que me llamó fuertemente la atención fueron las cervezas de 'colores' que servían y cuyos principales consumidores solían ser mujeres. Las había verdes, rojas, rosadas... Y las servían en vaso bajo para tomar con pajita. ¿Quién se puede resistir a ese juego de colores? Yo, desde luego, no.

Por eso, en una de las visitas al supermercado que hay justo detrás del apartamento en el que me alojo, me lancé inmediatamente a los bien surtidos stands de cervezas y empecé a ejercer de 'catacaldos'. Compré botellas de cerveza con limón (nuestra 'clara' de toda la vida), con pomelo, con arándanos... con todo lo que uno puede imaginar, incluido con refresco de 'cola'. Algo así como un 'calimocho' a la berlinesa en el que, según la etiqueta, el 40% era cerveza y el resto el conocido refresco. El resultado de la 'cata' puedo calificarla de medianamente decepcionante. Algunas tenían un sabor agradable, aunque alejado de lo que busca un buen amante de la cerveza. Otras, como la de 'cola', mejor ni comentar.

Por eso, en los últimos días me he decantado por las cervezas alemanas 'sin aditivos'. Rubias, tostadas, negras... Típicas de Berlín, de Baviera o de cualquier otra región. Pero sólo cerveza, con su espuma sobresaliendo en esas jarras de medio litro que a uno le abre el apetito nada más verlas pasar en manos de los camareros.

De todas formas, si uno no le gusta la cerveza o pasa del alcohol, no sólo hay extrañas combinaciones y los típicos refrescos archiconocidos.Por ahora he descubierto dos marcas de bebidas 'diferentes' que mezclan sabores tan poco habituales para los paladares españoles como el jengibre, el lichi o el saúco con el limón y la naranjada. Se llaman Bionade (juega en su nombre con el supuesto origen 'biológico' de sus ingredientes) y Fritz, una marca originaria de Hamburgo que luce en su etiqueta el rostro de dos hombres (¿serán sus creadores?). Lo cierto es que algunos sabores me recuerdan a medicinas de la infancia, pero la mayoría de los que he probado hasta ahora (aún me quedan varios que catar) resultan agradables y calman la sed mejor que otras marcas más conocidas y, sobre todo, azucaradas. ¿Qué más le puedes pedir a un refresco aparte de exigirle que no estropee una buena cerveza alemana?

Imagen de oLopez-Fonseca

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