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Delicias tailandesas (5): Las 1.001 ventajas de las 'linternas flotantes' sobre la carta a los Reyes Magos

En estas fechas tan entrañables, que diría por televisión el suegro de Iñaki Urdangarín, quien más y quien menos anda dándole vueltas a la dichosa carta de los Reyes Magos, ese compendio de caprichos, frustraciones y supuestas necesidades que plasmamos en la intimidad de nuestros hogares en una humilde hoja de papel o en un informático email para enviarlo con urgencia a Oriente. Entrañable, efectivamente, pero demasiado discreto. Lástima que en estos días no sigamos el ejemplo de los tailandeses, quienes lanzan sus deseos al cielo a bordo de los ‘yee peng’ o linternas flotantes, en una hermosa ceremonia callejera y popular que ilumina sus noches de miles de luces que asciende rumbo a ninguna parte.

Lo cierto es que ellos no esperan al 5 de enero ni, como hacen los devotos de San Nicolas, al 24 de diciembre, sino que lo realizan en el festival del Loi Krathong, una celebración cargada de simbolismo que tiene lugar el duodécimo mes lunar (normalmente noviembre) para celebrar, entre otras cosas, el fin de la época de lluvias. Me cuentan que con el Loi Kratong, que también incluye lanzar a la deriva de ríos y lagos pequeñas barcas hechas de coco, tronco de banano o simples hojas adornadas con velas e incienso, los tailandeses homenajean a Mae Khongkha, la diosa hindú de las Aguas, basándose en una ancestral costumbre brahamana que con el paso del tiempo se ha incorporado a los rituales budistas tradicionales.

Algunas de estas celebraciones, en concreto las que tienen en lugar en la propia capital del país, Bangkok, en Chang Mai, en Sukhothai, en Ayuthaya y en Tak, tienen fama por su espectacularidad, pero no hace falta, ni mucho menos, estar obligatoriamente en alguna de estas localidades para involucrarse del espíritu festivo que rodea la salida de la luna llena. A mí, en concreto, el Loi Kratong me pilló en la isla de Koh Samui y, más en concreto, en su capital, Chaweng. Allí, tras cenar, centenares de tailandeses en familia se acercaron a orillas del lago artificial que existe en el centro de la ciudad para hacer flotar sus ‘kratones’ mientras unían sus manos en señal de recogimiento y hacían partir junto a ellos sus deseos más íntimos. En pocos minutos, centenares de humildes barquitos iluminados con dubitativas velas se movían al capricho del agua hasta reagruparse caprichosamente en algún lugar de la orilla.

A la vez, la mayoría adquirían también a vendedores callejeros los ‘yee peng’ y se disponían a lanzarlos al cielo. Para ello, prendían el disco de su base, sujetaban entre todos de la estructura de alambre que da forma cilíndrica a la linterna de papel y esperaban en silencio que el aire caliente llenara éste para soltarlo y verlo ascender al cielo. Había adultos y niños, hombres y mujeres, tailandeses y forasteros. Todos esperando ver como sus deseos más íntimos se elevaban con el anhelo de que se cumplan algún día. Un auténtico espectáculo de luces flotantes en la cálida noche tailandesa. No me digan que no es mucho más hermoso que escribir en casa una carta a los Reyes Magos “en estas fechas tan entrañables”.

Imagen de oLopez-Fonseca

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