De viaje por 'guayominí' (4): En inglés, colesterol se dice 'breakfast'

Si hay algo realmente típico de la gastronomía británica, ese es, sin lugar a dudas, el contundente desayuno que, en teoría, se meten a diario entre pecho y espalda todos los habitantes de la isla antes de ir a trabajar. A saber: uno o dos huevos fritos, un par de salchichas de carne, dos lonchas de rotundo bacón, una rebanada de pan de molde frito y unas alubias con ketchup. Ahí es nada. La primera vez que lo probé, hace ya bastantes años, llegué a pensar que la palabra inglesa 'breakfast' en realidad significaba colesterol. Hoy todavía lo creo.

Es cierto que no tengo datos estadísticos sobre la incidencia de la arteriosclerosis en la población de las vieja Albion, pero después de degustar durante cuatro días seguidos de la semana pasada este banquete mañanero tengo dudas de que a alguien que lo siga a diario a rajatabla le puedan circular los glóbulos rojos por las venas. Bien es cierto que los españoles también tenemos los churros y las porras (otra bomba de relojería repleta de grasas), pero lo cierto es que nosotros nos conformamos en la mayoría de los casos con ingerir como primera comida del día un café con leche recalentado en el microondas porque-llego-tarde-al-trabajo y un par de galletas fontaneda. Luego ya nos encargamos de compesar con almuerzos de primer y segundo plato, postre y café.

Por el contrario, los británicos despachan esa segunda comida con un sandwich o una ensalada y algún zumo o macedonia (estaría bueno que se atrevieran con una fabada asturiana, compango incluido), que suelen adquirir en las mil y una cadenas de comida rápida que se reparten por las diferentes ciudades y que, en muchos casos, repiten en sus envases si con lo adquirido el comensal va a deglutir una, dos o tres partes de la ingesta recomendable de frutas y hortalizas. Venden este tipo de comida hasta en las parafarmacias.

Ante tales aportaciones a la gastronomía mundial, no es de extrañar que en el Reino Unido proliferen los restaurantes especializados en comidas de otros rincones del mundo y que sea más fácil conseguir en cualquier pequeña localidad británica un pollo al tandori o un falafel que un británico 'roastbeef' o un tradicional pastel de riñones. De hecho, el cocinero británico más mediático en la actualidad, Jamie Oliver, tiene una cadena de restaurantes donde sirve comida... ¡¡¡¡italiana!!!! (muy buena, por cierto).

A esta invasión foránea de las estómagos británicos sólo parece resistir el 'fish and chips', un sencillo trozo de pescado rebozado acompañado de patatas fritas aliñadas con sal y vinagre. Los hay realmente buenos, como los que sirven en la cadena Harry Ramsden's, aunque por lo general la mayoría de los locales lo despachan tan grasiento o más que el contundente 'breakfast'. ¿No será que 'fish and chips' es otra forma de decir colesterol en inglés?

Imagen de oLopez-Fonseca

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