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Crónicas Minoicas (I): Cómo sobrevivir a las carreteras en Creta

Lo suyo sería que el primer post de una serie sobre un destino fuera para detallar los motivos del viaje, para describir en líneas generales el lugar o para apuntar a grandes rasgos el recorrido. Sin embargo, creo que en esta ocasión me voy a centrar en un tema práctico, muy práctico... sobre todo, si como yo, uno decide alquilar un coche y moverse por la isla en busca de esos lugares de los que hablaré más adelante en este Blog. Pero hoy toca este sencillo manual de uso para sobrevivir a las carreteras cretenses. Y que Zeus nos coja confesados.

Primera lección. Autovía en griego debe significar otra cosa. Cuando los cretenses hablan de autovía uno no puede imaginarse una carretera de varios carriles y entradas y salidas al uso europeo. En la isla hay una vía que recorre de este a oeste su alargada forma por la costa norte. Los lugareños la llaman autovía y, de hecho, las autoridades lo consideran así porque la señalización es la típica de éstas. Sin embargo, entrar en ella es desubrir que en una parte importante de su trazado sólo tiene un carril y que las salidas son, en la mayoría de las ocasiones, simples intersecciones con otras carreteras menores donde normalmente hay que dar un volantazo para poder tomarlas.

Segunda lección. El arcén también cuenta.Como ocurre en las autovías del sur de Italia, el arcen está habilitado para discurrir por él y permitir que otros coches nos adelanten. Hasta la Policía circula con una rueda en él otra en el carril. Si no se hace, ya se lo recordarán los conductores cretenses con sus largas y sus bocinas.

Tercera lección. Repase sus conocimientos filológicos de griego clásico. Muchos de los carteles están únicamente en griego, lo que obliga a conducir, leer y transcribir a la vez en cuestión de segundos si uno no quiere pasarse una salida. Algo, esto último, especialmente molesto porque entre una y otra puede haber demasiados kilómetros. En otras ocasiones, las menos, están en caracteres griegos y latinos, sobre todo cerca de núcleos turísticos. E, incluso, no es extraño encontrar el cartel en griego y unos metros más allá, en caracteres latinos... cuando uno ya se ha pasado la salida. Por cierto, la vegetación es tan exhuberante en los bordes de las carreteras que en ocasiones tapa por completo los carteles.

Cuarta lección. A veces los lugares se señalizan en una sola dirección. Me explico. Iba por un carretera secundaria en busca de un yacimiento arqueológico y no era capaz de encontrarlo pese a que, según el mapa, debía haber allí una desviación que me condujera hasta él. Al dar la vuelta para ver si me había pasado la salida, descubrí que, efectivamente, había sido así, pero que la señal sólo era visible cuando circulaba de sur a norte, y no de norte a sur. Desde ese momento, cuando veía una señal para los que circulaban en sentido contrario, al sobrepasarla me daba la vuelta para ver si señalaba algo que buscase.

Quinta lección. No se fía de todas las señales. Ejemplo. Autovía de Creta. Salgo de Hania en dirección a Iraklio, en busca de un pueblo llamada Achlada donde he reervado una casa rural. De repente, una señal marca una salida con dirección a Fodele y Achlada. Lo lógico es salirse y seguir las indicaciones que marcan únicamente 7 kilómetros hasta mi destino. ¡¡¡Craso error!!! Sí había siete kilómetros, pero por un camino de cabras literalmente. De hecho, no encontré ningún otro vehículo y sí un pastor de estos animalitos que me miraba con cara de ¿cómo ha podido llegar hasta aquí sin un 4x4? Luego descubrí que unos kilómetros más adelante de la autovía había una salida que sí llevaba por una carretera asfaltada al pueblo... y que no estaba señalada en la autovía.

Sexta lección. Repostar con tarjeta de crédito, misión imposible. Sólo en las grandes ciudades cretenses las gasolineras admiten las tarjetas de crédito como forma de pago. En el resto prefieren a toca teja, y para ello siempre ponen la misa excusa: "No me funciona la línea de teléfono". Por cierto, conviene echar un vistazo a los precios antes de parar. Uno puede ahorrarse unos euros si compara precios, que suelen bailar hasta cerca de 20 céntimos por litro de una a otra.

Imagen de oLopez-Fonseca

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