Clasificado en:

Crónica Minoicas (V): Hania o cómo evitar que los souvenirs te impidan ver el puerto

Hania es la segunda ciudad en importacia de Creta y, casi con toda seguridad, la más bonita de la isla. La 'culpa' la tienen los venecianos. Aunque ahora otros comerciantes, los propietarios de las tiendas de souvenirs y de los restaurantes de menús a 10 euros, se empeñen en ocultar su trabajo.

Cuando uno llega a la ciudad, es irremediable ir hacia el puerto. Allí, en un extremo de la bocana, el faro luce orgulloso su pretérito esplendor. En el otro, las viejas murallas de la fortaleza resisten con menos gallardía el paso del tiempo. Entre ambos, se dibuja una hermosa circunferencia de fachadas venecianas que pugnan con las blancas cúpulas de la antigua mezquita de los jenízaros en atraer la mirada del viajero. Lástima que para disfrutarlo haya que levantar la mirada, porque los bajos de los edificios se han poblado irremediablemente de restaurantes turísticos y tiendas de recuerdos.

Por ello, visitar Hania exige armarse de panciencia. Primero, para no dejarse amedrentar por maleducados maitres que te agobian cuando se te ocurre pararte a hacer una foto o, sencillamente, te echan cuando ven que no te van a conseguir sentar a sus mesas. Y después, para buscar oasis entre sus callejones donde disfrutar de la verdadera Hania. Esa que se dibuja en recónditas tabernas donde aún secan los pulpos al sol. O en esas iglesias ortodoxas donde lucen banderolas amarillas y patrióticas como preludio de sombríos interiores cuajados de dorados iconos iluminados por devotas velas. O en los minaretes que despuntan al cielo pese a estar mudos desde hace tiempo.

Es el momento de vagabundear entre calles donde descansan los gatos a la sombra hasta desembocar en plazas en los que pedir un café 'frappé glikós' a un camarero que ni sabe inglés ni falta que le hace. De saludar con un movimiento de cabeza al sonriente anciano que en la mesa de al lado mueve una y otra vez en su mano el komboloi (onmipresente 'rosario' griego). Y de dejarse refrescar por la sombra de un veterano árbol que tuvo la suerte de crece lejos del turístico bullicio.

Entonces, uno se da cuenta de lo inteligentes que fueron los venecianos al asentarse siglos atrás en este lugar. Claro que, para eso, uno debe luchar para que los souvenirs y las mousakas recalentadas no le impidan ver el bosque...

Imagen de oLopez-Fonseca

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado.
CAPTCHA
La siguiente pregunta es para prevenir el spam automático en los envíos.
Image CAPTCHA
Copy the characters (respecting upper/lower case) from the image.