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Crónicas egipcianas (II): 25 de enero... San Fermín

Todas las ciudades tienen su propio callejero de lugares que se han convertido en ineludibles para los viajeros pese a que no cuentan con monumentos ni salen en esas guías turísticas más empeñadas en clasificarlo todo con estrellas que en dar información útil. Son lugares que han entrado en el imaginario de todos gracias a telediarios y populares series de televisión. Por ejemplo, en la 'gran manzana' hace tiempo que los seguidores de 'Sexo en Nueva York' se empeñan en pisar donde lo plantado sus tacones las glamourosa chicas que protagonizan sus capítulos. Y, sin ir tan lejos, pocos se imaginan recorrer Pamplona sin caminar por la calle Estafeta... aunque ni sea 7 de julio ni los toros se empeñen en 'derrapar' en su célebre curva.

A El Cairo también le ocurre algo similar y, de hecho, desde el pasado 25 de enero tiene un nuevo lugar que sumar a su lista particular: la Plaza del Tahrir, el epicentro de la revolución que ha puesto punto y final al régimen de Mubarak. Es cierto que casi todos los viajeros ya pasaban antes ineludiblemente por ella camino del Museo de El Cairo, pero hasta ahora lo hacían sin fijarse donde ponían el pie. Para la mayoría era entonces, simplemente, el ejemplo vivo de que el caos existe y que, además, suena a bocinazo y huele a neumático quemado por los frenazos. Un lugar donde sortear su tráfico parecía más peligroso que cruzar a nado el río Nilo a la hora de la merienda de los cocodrilos.

Ahora,sin embargo, los turistas empiezan a pasear por la plaza para pisar la rotonda central donde los egipcios plantaron su campamento revolucionario y así poder decir aquello de "yo estuve en Tahrir, la plaza que salía en el telediario". Es verdad que ya no hay asentamiento revolucionario y que el lugar donde se plantaron noche y día miles de cairotas lo ocupan ahora unas sencillas macetas con flores multicolores. Y, sin embargo, la plaza tiene ese encanto que sólo atesoran los lugares donde realmente se cambió el mundo. Hay puestos callejeros de vendedores de banderas egipcias para que todos puedan hacer alarde de patriotismo. Y varias tanquetas del Ejército que recuerdan con su color caqui que aquí se vivieron momentos de muchísima tensión, aunque ahora los soldados que las ocupan se olviden del aire marcial y se dejen fotografiar sonrientes. Incluso hay ya avispados comercitantes que ofrecen a los transeuntes camisetas que recuerdan que el 25 de enero fue real y que la revolución triunfó. Y, por supuesto, hay turistas que se fotografían donde hace sólo unos meses era impensable que pulsaran el botón de disparo de sus cámaras de fotos.

Y todo ello sin que la plaza del Tahrir haya perdido un ápice de ese caos de coches ruidosos que siempre parecen a punto de dar a los talleres de chapa más trabajo del que pueden atender. Y sin que las obras sempiternas del parking subterráneo que empatanan las cercanías del Museo de El Cairo parezcan dispuestas a retirar su oxidadas grúas en un larga temporada. Y, por supuesto, sin que en ella haga acto de presencia el espíritu protector de San Fermín. ¡Qué más da que no sea especialmente bonita! Al fin y al cabo, aquí los egipcios dieron la patada a su último faraón y eso bien se merece un paseo y unos cuantos megapixeles.

Imagen de oLopez-Fonseca

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