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Crónicas Otomanas (VIII): En busca de un tal Tales...

La región turca bañada por el Egeo es un libro de historia con muchísimas páginas. Es cierto que la mayoría de los turistas que vienen a aquí se limitan a cumplir con la 'obligación' de visitar las ruinas de Efeso y hacerse la foto de rigor ante la fachada de su célebre biblioteca de Celso. Sin embargo, basta moverse un poco por los alrededores para descubrir numerosos lugares que de una manera u otra aparecían y -espero que aún lo hagan- en los manuales de filosofía, matemáticas... que todos hemos estudiado durante el bachillerato. Quién no se acuerda de Tales, aquel matemático que enunció un célebre teorema sobre triángulos que muchos de nosotros hemos olvidado. Y también de los filósofos Anaximandro y Anaxímenes... Pues todos vivieron por estas tierras, en concreto en la ciudad de Mileto.

Hoy esta localidad jónica de la costa turca es una ruina... en el buen sentido de la palabra. En su recinto arqueológico se conserva un impresionante teatro y restos de varios edificios, entre ellos los baños de Faustina... sobre los que aún trabajan arqueólogos alemanes. Además, su visita (3 liras turcas, aproximadamente 1,5 euros) suele hacerse sin los agobios de Efeso. Aquí, a pesar de que los numerosos tenderetes que hay en la entrada al reciente puedan indicar lo contrario, llegan pocos turistas, muy pocos. Mejor.

Algo parecido ocurre con Priene, no muy lejos de Mileto. Aquí, uno descubre las ruinas de la que es, seguramente, una de las primeras ciudades diseñadas en perfecta cuadrícula, además de los restos de uno de los templos griegos más impresionantes que sobreviven en esta zona. Eso sí, el sol castiga cosa fina, y además de un libro de historia para descubrir quiénes fueron sus hijos más célebres -Bias, uno de los Siete sabios de Grecia, y Mirón de Priene-,  es obligatorio llevar un gorro para la cabeza y litro y medio de agua.

En el mismo día también se puede visitar el santuario dedicado a Apolo en la antigua ciudad de Dídima, uno de los lugares de culto más célebre en el mundo helenístico allá por el siglo VII a.C. Las medidas del templo son realmente colosales, aunque uno no se da realmente cuenta de ello hasta que se sienta junto a una de las 120 columnas de cerca de 20 metros de altura que presidían su entrada. Curiosamente, el edificio nunca fue terminado, a pesar de que durante seis siglos los diferentes habitantes de la zona se empeñaron en concluir su construcción. Quizá por ello, el relieve del rostro de Medusa, ese mostruo mitológico griego cuyos cabellos eran serpientes, muestre esa cara de frustración en el relieve que se conserva en el lugar. Tal vez, a sus arquitectos no se les ocurrió consultar sus dudas a Tales para que les echara una mano... 

Imagen de oLopez-Fonseca

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