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Crónicas Otomanas (I): ¿La Feria de Abril? No, Ramadán

Llegué a Estambul ayer, martes 10 de agosto de 2010, un día antes de que comenzase el Ramadán. Nunca había estado en un país musulmán coincidiendo con la festividad del ayuno del Islam y reconozco que me apetecía mucho poder vivirlo durante unos días... aunque fuera desde la posición de un agnóstico que profesa el escepticismo, como es mi caso. Y en estas escasas 24 horas que llevo en el país ya puedo comentar un par de detalles curiosos sobre cómo viven los turcos esta festividad religiosa.

Uno. Las mezquitas más importantes de la ciudad, empezando por la Mezquita Azul, se decoran con enormes letreros luminosos. Una amiga que estuvo hace unos días en la ciudad me alertó de que parecía la Feria de Abril. Que no teman los sevillanos, porque ni hay tantas bombillas ni los musulmanes pretenden imitar su 'gracia'... aunque a más de uno la llamada del muecín les parezca 'cante jondo'.

Dos. El ayuno religioso del amanecer a la puesta del sol no es seguido a rajatabla por numerosos turcos. Los puestos de comida callejera, desde los que venden mazorcas de maíz a la brasa a los que ofertan los 'simit', esas rosquillas con semillas de sésamo tan popular en algunos países de estas latitudes, siguen por las calles... y con clientes locales. En los restaurantes también se sigue viendo a estambulitas... además de los numerosos turistas que en esta época del año se dejan ver por aquí.

Tres. La televisión turca mantiene su porgramación habitual y no son poco los canales que siguen llenando su programación de espectaculares mujeres ligeras de ropa. Algo inimaginable, por ejemplo, en Semana Santa en la España del postfranquismo (en el franquismo no se veía un ombligo ni en pleno agosto).

Cuatro. Reconozco que yo no seguí el ayuno, entre otras cosas porque estoy viajando con mis hijas(de 9 y 11 años) y a determinada hora les entra la gusa y a ver cómo les explico que ellas deben seguir el Ramadán. Además, con el calor que está haciendo no beber es una locura para niños... y mayores. Eso sí, la cena la hicimos al caer el sol, como manda el precepto musulmán. Nos fuimos a Eminönü, al puerto del Cuerno de Oro, y allí nos comimos el 'fast food' por excelencia de Estambul: un 'bocata' de pescado. Pero esa es otra historia, que ya les contaré en una próxima crónica Otomana. Mientras tanto, que no se les haga la boca agua.

Imagen de oLopez-Fonseca

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