En ruta al Hindu Kush

Hay libros de los que sospechamos que, de haber entrado en nuestras vidas en el momento adecuado, pudieron haber terminado imprimiendo una dirección distinta a la propia existencia. Y es que nada es inocuo ni inocente. Un texto como el de Horas japonesas de Fosco Maraini, hubiera logrado con facilidad que asomara al exterior el sinólogo latente que todos llevamos dentro desde el día en que nos tentó la alternativa de cambiar de piel y fundirnos con una cultura remota y antagónica. Así también En busca de los mayas, en el que Victor W. von Hagen reconstruye pacientemente las peripecias de John Lloyd Stephens y Frederick Catherwood, vagabundos por Europa, Asia y América, proporcionando de ese modo la dosis del brebaje textual con el que hacernos apetecibles las penalidades del arqueólogo en la selva de Belice o en cualquier otro lugar inexplorado de América Central. Por no hablar de Los caminos del mundo de Nicolas Bouvier, portador como pocos del germen del nomadismo. La obra de Herbert Tichy (1912-1987) que presentamos pertenece a esta peligrosa categoría de textos.

El austríaco Tichy, al que la sintética ficha de la solapa interior define como geólogo, escritor y viajero, recoge en las páginas de Hacia el trono de los dioses (1937), una experiencia vital que inició el día en que, a lomos de una legendaria moto Puch, decidió dejar Viena a sus espaldas y marchar en busca de las polvorientas llanuras hindúes, de los puertos himalayanos y afganos, y de la humedad de las selvas birmanas. Un relato en el que reconstruye, con todo detalle y gusto humorístico por las anécdotas menudas del vivir cotidiano, su lento vagar despreocupado por Asia, abriéndose paso por geografías desconocidas de las que apenas tenía noticia, sorteando los monzones o haciendo frente a la aridez de la meseta tibetana.

Hay algo en esta obra que nos lleva a rememorar las gestas del joven Ernesto Guevara que, con la complicidad de Alberto Granado y de una Norton 500 que “meaba” aceite, entró en contacto con una realidad andina y latinoamericana a la que hasta entonces había dado la espalda. Un emparejamiento que propicia tal vez el hecho de que fue también la de Tichy una decisión impulsiva que realizó recién cumplidos los estudios universitarios y que le llevó a una simbiosis total con las poblaciones que hallaba a su paso, culminando así un proceso formativo que había iniciado de manera lúdica y casual y que condicionaría en cambio su futuro. Propicia también este recordatorio del Che, la bella fotografía en blanco y negro que sirve como gancho de portada, en la que Herbert Tichy posa junto a su vehículo de dos ruedas en lo alto del puerto del Hindu Kush, desafiante tras haber llegado a la cima y haber dejado atrás una larga secuela de calamidades.

Dotado de acusada curiosidad, Tichy fue de los primeros europeos en cumplir con la peregrinación al Monte Kailash, cuando el territorio de Tibet, y en especial los senderos que dan vuelta a la cumbre sagrada de los budistas, estaban vedados a los occidentales. Para ello se mimetizó como un perfecto hindú y buscó compañeros fieles que le ayudaran a salir airoso de los previsibles trances peligrosos. Las páginas en las que describe esta aventura («A través del Himalaya» [pp. 153-180]) se cuentan entre las más gustosas del libro y las que propician el título de la obra, siendo el Kailash el trono de los dioses tibetanos.

Herbert Tichy encarna el símbolo del hombre que procedente de una cultura moderna siente de repente el magnetismo de la civilización arcaica enraizada en los ciclos naturales y en lucha por la supervivencia. Es paradigma del centroeuropeo refinado que sucumbe a la fuerza del primitivismo, del individuo sobrecargado de conocimientos que se enfrenta a sus propias contradicciones. «Herbert —ha escrito el alpinista Kurt Diemberger en Entre 0 y 8000 metros— irradia mucha claridad... La que es necesaria, por lo menos, para darse cuenta de lo que no está nada claro». Llega, pues, a propósito para los tiempos de lobos que nos está tocando vivir y contra los que este texto puede funcionar a la manera de eficaz antídoto. Es de hecho un asidero útil para quienes caminamos a ciegas por un mundo en penumbra.

Herbert Tichy, Hacia el trono de los dioses. Por los caminos y senderos de Afganistán, la India y el Tíbet, Barcelona, Altaïr (Col. Heterodoxos, 22), 2012, pp. 280. ISBN: 978-84-939274-6-2. P.V.P.:  23,00.

Jordi Canals

Jordi Canals es investigador titular en la Universidad de Trento (Italia). Ha coordinado los volúmenes: Viaggiare con la parola (Milán: FrancoAngeli, 2010) y El discurso del turismo. Aspectos lingüísticos y variedades textuales (Trento: Tangram, 2011). Ha publicado reportajes de viajero en las revistas Altaïr, Rutas del Mundo y Viajes National Geographic.

jordi.canals@lett.unitn.it

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