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Crónica del viaje a Botswana I, Kalahari

Un día de octubre, en el coloquio posterior a la presentación de un libro de viajes en Altäir, comentaron el escrito por Xavier Moret sobre su viaje en busca de los más espectaculares baobabs de África. Me apasionan desde siempre los baobabs y ese libro despertó en mí unas ganas irrefrenables de abrazarme a unos cuantos de esos inmensos y especiales árboles.

“El viaje empieza en el mismo momento en que piensas en él”… así que, hilvanando los lugares míticos a los que me gustaría ir, trazamos el camino tras las huellas de Xavier Moret… Un camino, en parte, inspirado en su libro “a la sombra del baobab”.

También deseaba adentrarme en el Kalahari… dormir bajo las estrellas del hemisferio sur y escuchar el silencio.

Iniciamos nuestro recorrido por Botswana en Maun, donde alquilamos un 4x4 Land Rover Defender y cargados a tope de comestibles, agua y combustible, partimos hacia el Kalahari, uno de mis sueños. Después de haber leído “el mundo perdido del Kalahari” y “el corazón del cazador” de Laurens Van der Post, no podía dejar de sentir una inmensa emoción…

Un Kalahari sorprendente me esperaba… no lo había imaginado para nada como se presentaba. Soñaba con un vasto territorio de piedra y arena, semejante al que conocí en la parte norte del Namib, y sin embargo lo que veía estaba lleno de vida; de una manera especial, pero vibrante y colorido.
Entramos a la Reserva del Kalahari Central por la puerta de Matswere y pusimos rumbo al Valle de la Decepción. En seguida empezamos a ver orix, avestruces, impalas, stembacks, ñus, kudus, etc. pero lo que más me impresionó fue, que no parecía un “desierto”; había vegetación por todos lados. Matojos, hierbas de todas clases y colores adornaban el paisaje. Mis compañeros, que conocían la zona, decían que nunca lo habían visto con tanta vegetación…

Cruzamos todo el Valle de la Decepción (llamado así porque pensaban que por allí había un río y… no, no había nada… una gran decepción, claro!!!) rumbo a nuestro campsite CKDEC-05. No había nadie a la vista; en kilómetros a la redonda no se veía a nadie, en eso sí parecía un desierto!!

El primer día de acampada resultó un poco complicado, pues hasta que se dominan todos los mecanismos y enseres de que disponíamos se tarda un poco, pero la organización de cometidos fue fantástica y cada uno sabía qué debía hacer.

En cuanto amaneció plegamos nuestras tiendas y nos dirigimos a Deception Pan para enfocar la pista hacia Piper Pans, unos 100 km. más al sur. El concepto de Pan es algo muy curioso, pues son depresiones que se inundan con las lluvias y en época seca forman un paisaje realmente único y de variados colores según la composición de las sales que lo forman. Son también peligrosos en cuanto a que parece un terreno firme y sin darte cuenta te encuentras atrapado en su lecho de barro. Esto es lo que nos pasó en Deception Pan… seguíamos las roderas de un vehículo (que no sabíamos cuando había pasado) y de pronto plaffff!!, un barro negro y sumamente pegajoso nos engulló hasta media rueda. A pesar de nuestras maniobras con la reductora, tronquitos bajo las ruedas, etc. nos quedamos completamente bloqueados.

Era como si aquellas huellas formasen la pista de mi propio ser, perdido y a punto de extraviarse en la luz violácea de un desierto creado por mi propia mente.
Engullidos por el barro, una corriente de calma y fortaleza me invadió… todo consistía en estar dispuesta a aceptar lo que pasara, como si la vida hubiera dejado de ser un problema… todo estaba escrito en la arena del Kalahari…


Me sentía como una piedra en la superficie de la luna. Inerte, silenciosa y segura de que estaría tiempo en exposición…

Con buen ánimo, nos dispusimos a esperar “la salvación” por parte de algún viajero. Parecía improbable que pasara alguien en aquella inmensidad, pero no había otra solución… y después de unas cuatro horas, apareció en el horizonte un vehículo que acudió a nuestras señales de socorro. Suerte que llevaba un magnífico winche y el héroe, un simpático angoleño, nos sacó del fango… nunca mejor dicho!!!

Muy contentos reanudamos el camino… el paisaje seguía siendo sorprendente. De pronto era un mar de brotes verdes y tiernos y en unos kilómetros se transformaba en una llanura de hierba dorada mecida por una suave brisa. Más adelante, inmensos campos de tomillo dulce, con sus preciosas flores blancas, lo cubrían todo; un Kalahari cambiante, inmenso y solitario.

Por supuesto, veíamos animales, aunque en determinados lugares y a causa de tanta vegetación, no era fácil el avistamiento. Vimos dos chacales de espalda plateada preciosos y también un caracal!, muy difícil de ver. El tejón de la miel cruzó la pista delante nuestro y el zorro de orejas de murciélago se escondió veloz a nuestro paso. Las mangostas, siempre alerta, nos saludaron desde su atalaya mientras los orix seguían comiendo muy tranquilos.

Como llegamos a muy buena hora a Piper Pans decidimos seguir ruta hasta Xade, la puerta sur, donde acampamos… desde nuestro rescate no nos habíamos cruzado con nadie más. La soledad era la única compañera y desde luego, el mapa no es el territorio…

El campsite de Xade está a más de 200 Km. de la puerta norte y casi nadie llega tan al sur. Montamos el campamento y nos dispusimos a disfrutar de esa soledad compartida.
 

Pilar Blasco

Imagen de miviaje

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