Crónica del viaje a Botswana II, Moremi - Linyanti

Después de un día de avituallamiento en Maun, reanudamos nuestro camino hacia el norte, hacia Moremi Game Reserve.
No fue fácil, pues por las abundantes lluvias del año, habían muchas pistas completamente inundadas e impracticables. Tuvimos que dar un rodeo de más de 70 km. para alcanzar la Gate. Entramos por la South Gate Maqwee y nos dirigimos hacia el campsite de Xakanaka, donde comimos alguna cosa y tuve la oportunidad de abrazarme a  unos magníficos jackal-berry, árboles con un tronco estriado y enorme. Siempre que pronunciaban ese nombre, Xakanaka, me parecía que sonaba japonés… que tontería!!.

 En Moremi la fauna era impresionante, cebras, jirafas, leones, cientos de impalas, campaban a sus anchas por un territorio con abundante agua, pues este año había llovido muchísimo y no tenían que hacer grandes esfuerzos para encontrarla. Sin embargo, esto dificultaba el avistamiento, pues los animales ya no tenían que ir a los water holes a beber y estaban muy dispersos, pero eso también lo hacía más emocionante.

Debíamos encontrar la pista que nos llevara al Tercer Puente (era como lo del Tercer hombre, pero en africano…). Nuestro campsite estaba allí, así que debíamos llegar antes de que anocheciera. No conseguíamos acertar la pista, pues continuamente nos encontrábamos con el terreno inundado y no sabíamos si conseguiríamos pasar. Finalmente, unos jóvenes con un Toyota, nos indicaron que para llegar al Tercer Puente debíamos atravesar una gran charca… el agua llegaba hasta la ventanilla, pero que no pasaba nada… eso decían. Se brindaron a abrir la marcha indicándonos por dónde se debía cruzar, y así conseguimos llegar sin problemas, bueno con algunos enseres completamente mojados, pero… que menos!!!

En las horas en las que caía la tarde, todo se silenciaba de pronto, como un preludio de lo que se avecinaba; la hora de cazar o ser cazado… instantes mágicos suspendidos en el aire.
Una suave brisa movía el momento y una fragancia inconfundible y única lo impregnaba todo.
El entorno era magnífico y ese olor… ese olor característico, era África, África en esencia. No podía dejar de reconocerlo, estaba impregnado en mi ser, hasta en mi última célula. Lo llevaba conmigo y cuando aparecía sensorialmente me sentía plenamente feliz. Era un aroma envolvente que lo llenaba todo y fijaba con su sello la verdad de África.

Ahhh!!! la visión del famoso Tercer Puente, me encantó!! Unos troncos horizontales cubiertos de agua y otros verticales a modo de barandilla… auténtico!! Lo atravesamos ya sin vacilar después de la experiencia anterior y conseguimos llegar al campsite antes que la noche.
Tuvimos suerte y gracias a unos “regalitos” previos, nos adjudicaron el campsite 7; el más bonito y más alejado de todos. Además logramos evitar, en cierta manera, los babuinos que colonizaban los otros lugares de acampada. Los babuinos pueden ser muy molestos, pues no tiene miedo al hombre y tratan de robar comida, incluso cuando la tienes en la mano.

La noche fue magnífica; la hoguera presidía el círculo y el espíritu del fuego danzaba al son de la música oculta en el viento. La noche suspiraba enhebrando silencios…

Una sola palabra cortaría el frágil fluido del silencio.

Estaba sola con mi alma frente a la hoguera encendida, clavé mis ojos en la negrura lejana, enroscando la mirada a través de la oscuridad, tratando de descifrar aquel misterio de las tierras africanas que irradiaba tanta pasión y tanto amor.
Esa hoguera me permitió penetrar en el gabinete secreto de la imaginación y ver a través del humo los sueños de una noche sin tiempo.
Mi alma se había despegado del cuerpo y flotaba entre llamas de luz brillante, en un océano de calma…

Transcurrió la noche con el sonido de las hienas cerca del campamento y un muro de posibilidades creando nuestro propio destino.

Contemplé el amanecer, abriendo los ojos y sumergiéndome en el universo paralelo que surgía de la tierra y retumbaba en la bóveda celeste y en mi corazón; era una presencia, un enigma, un latido; un momento único y siempre distinto.

Durante todo el día deambulamos por el parque viendo impalas, kudus, cebras y una magnífica manada de 8 leones jóvenes que cruzaron el Tercer Puente con mucha calma, así que nos dio tiempo a sacar unas buenas fotos. Un auténtico placer!

También tuvimos ocasión de rescatar a otro vehículo que se había quedado atrapado en el barro de una zona pantanosa. La solidaridad, en estas tierras, es vital para la supervivencia. Hoy por tí y mañana por mí; así se funciona en África.

Dos días de relax completo en el Lodge de Okuti, tuvieron la virtud de revitalizarnos… fantásticas camas king size, mosquiteras, duchas al aire libre, ventiladores y rooibos siempre que desearas, propiciaron el descanso y disfrute de otra manera de vivir la realidad africana.
Conocimos en profundidad la zona y buscamos, sin éxito, un leopardo. La verdad es que son muy difíciles de ver y esta vez no hubo suerte!!!.

Tuvimos la oportunidad de rescatar a un alemán que junto a su mujer viajaban muy despistados en un vehículo poco adecuado a las condiciones tan duras en que se encontraba el terreno este año excepcional. Se habían quedado atrapados en un banco de arena fina en un lugar poco transitado y oculto por la vegetación. Además, estaba oscureciendo y tener que dormir ahí era bastante peligroso. Schumacher, así le habíamos apodado, estaba realmente nervioso y preocupado; además no era muy hábil con el volante. El caso es que logramos sacarlo de allí y pudo reanudar su camino.

Desde Moremi debíamos salir por la North Gate hacia Savuti, pero nos dijeron que estaba todo inundado y no teníamos otra solución que dar un rodeo de mas de 90km. y salir por la South Gate. Así lo hicimos, pero no resultó nada fácil; las pista se entrecruzaban y las indicaciones africanas son bastante peculiares. Un ejemplo: un letrero con dos nombres, uno encima de otro… el de arriba con una flecha a la izquierda y el de abajo sin ninguna indicación. Parecía que se indicaba que los dos destinos estaban en la misma dirección… pues no!!! se supone que el que no tiene flecha está en la dirección contraria!!. Hasta que recordamos esta manera de interpretar las señales, nos costó unos cuantos kilómetros de más. En fin, eso forma parte del aprendizaje africano.

Teníamos que buscar la Gate de Mababe. Nos encontramos con grandes charcas que debíamos cruzar, pero llegamos a una inmensa que no había forma de evitar… dudamos mucho e incluso se planteó la posibilidad de retroceder y replantearnos el itinerario. Momentos de inevitable tensión. Buscamos alternativas, valoramos la situación y, en un arranque de valentía y decisión de nuestro compañero conductor, que por cierto, se llama Sergio, nos lanzamos a cruzar con la reductora funcionando… apenas respirábamos y con las cámaras fotográficas y los enseres personales en alto, conseguimos pasar. El agua llegaba hasta la ventanilla y se inundaron los bajos de vehículo, pero sin otra consecuencia. Menos mal!!, ya me veía en una avioneta hacia Kasane!

Fueron unos kilómetros muy complicados, pero lo peor no había llegado. En el campsite de Savuti no teníamos reserva y debíamos llegar a Linyanti, 70 Km. más al norte. La pista era tremenda; de pronto, grandes charcos y barro, luego bancos de arena muy fina que provocaban que el vehículo pareciera un barco. Continuamente debíamos buscar desvíos para evitar esos obstáculos y a veces nos costaba encontrar la pista de nuevo. Finalmente llegamos a nuestro campsite de Linyanti a la hora de crepúsculo, para no perder la costumbre, y pudimos disfrutar de una puesta de sol preciosa.
Buscamos afanosamente leña para la hoguera, sin alejarnos del campamento, pues habíamos visto muchos elefantes en la zona, y claro, no era cuestión de tropezarse con uno de esos impresionantes animales en la oscuridad. Esa noche hicimos un arroz especial al que bautizamos “arroz a la Linyanti”; estaba delicioso, no se si es por aquello de que cuando hay hambre todo sabe fantástico, pero la verdad es que cenamos muy a gusto rodeados de esos sonidos inconfundibles de los hipopótamos que teníamos a menos de 15 metros de nuestro campamento.

Fue una noche mágica; me apasiona oír los animales y no veía el momento de ir a dormir. El cielo estaba impresionante. Era como mirar una hoguera, no puedes apartar la vista.

Contrariamente a mis admirados Xavier Moret y Andoni Canela, que viajaron a finales de noviembre en la época mas seca, nosotros estábamos continuamente rodeados de agua. Dos visiones muy distintas de un territorio único y especial. Eso lo hacía muy interesante y provocaba en mí una percepción del momento íntima y profunda.
 

Pilar Blasco.

Imagen de miviaje

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