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Crónica del viaje a Botswana III, Savuti

Linyanti me pareció fascinante; había muchos elefantes, hipopótamos a orillas del río, Kudus, impalas y cientos de pájaros preciosos. Pudimos disfrutar poco de esa zona, pues debíamos regresar por la misma pista hasta Savuti, donde sí teníamos permiso de acampada para ese día. Dicen que cuando conoces las cosas no parecen tan difíciles, y debió ser eso, pues el viaje de vuelta se nos hizo más llevadero. Llegamos a buena hora al campsite CV-1 de Savuti y montamos el campamento.
 
Nuestro compañeros, nada más comer algo, querían salir disparados a ver que encontraban en este nuevo territorio; zona especialmente conocida por la gran concentración de leones que hay. Sin embargo, nosotras necesitábamos unos momentos de calma y tranquilidad, así que a orillas del río Chobe nos dispusimos a observar y disfrutar del paisaje.

Tocando la tierra, sintiéndola bajo el cuerpo y debajo de un precioso árbol, conectabas con la naturaleza… se oía caminar la vida en todo. Un flujo silencioso permitía estudiar la nada, cruzar el río de lo imposible… era como moverse en un océano sin memoria. Llegó un soplo de viento y ese instante detenido en el tiempo desapareció.
Nos avisaron que habían localizado a una pareja de leones que estaban apareándose muy cerca de allí, así que nos dispusimos a ver tan interesante acontecimiento. Y sí, los encontramos, pero ya no estaban por la tarea, mas bien estaban descansando muy tranquilos.

Seguimos nuestro safari por Savuti, pero de pronto, sin saber muy bien porque, nos encontramos en una pista que se cerraba por momentos y se dirigía a la única colina que había en cientos de kilómetros a la redonda. Naturalmente la pista se acabó, pues no llevaba a ninguna parte y tuvimos que dar la vuelta en un terreno de sabana con hierbas más altas que nuestro vehículo, con tan mala fortuna que el coche quedó trabado y un pequeño mopane, arrancó un cable dejando el vehículo completamente “out”. Ya eran las 16h., pronto oscurecía y aquella zona del parque quedaba bastante lejos de las rutas habituales. A pesar de nuestros esfuerzos por averiguar de dónde había saltado el importante cable rojo, nos quedamos bloqueados.
Bueno, que se podía hacer?? subidos encima del coche y atisbando el horizonte nos dispusimos a pasar la noche. No se podía hacer fuego, pues soplaba viento y estábamos rodeados de alta hierba seca. Desbrozamos la zona, pues casi ni se podía abrir la puerta del coche, desplegamos las tiendas y con un poco de agua y galletas nos fuimos a dormir a las 20 horas… no se podía hacer otra cosa.
Por muy oscura que sea la noche, por la mañana siempre sale el sol… así que, con un poco más de agua y galletas, nos dispusimos a esperar acontecimientos. El campamento estaba a 6 km. en línea recta, el problema era que había muchos leones y búfalos por la zona y el tener que caminar esa distancia era bastante peligroso.
           
Se decidió que cuando el sol estuviera bastante alto, y los leones hubieran cazado y estuvieran haciendo la digestión, Sergio saldría en busca de ayuda… así nos dieron las 10 de la mañana y cuando todo estaba dispuesto para esta expedición, apareció en el horizonte un coche, que acudió a nuestras señales de socorro. Les costó llegar a nuestra posición, pero lo consiguieron. Dos chicos jóvenes canadienses solucionaron el problema en 10 minutos… resultó ser un cable de la batería, comentario que se hizo en su momento, pero que no tuvo aceptación por parte del equipo masculino…
El caso es que logramos salir de allí sin mayores problemas, regresamos al campamento, donde habíamos dejado parte de nuestro equipo y nos dispusimos a recoger y seguir nuestro camino. Nos esperaban 164 km. hasta Ngoma y a partir de ahí unos 50 Km. más hasta Kasane, pero estos últimos por carretera de asfalto.
Estábamos ya en Chobe y los elefantes campaban a sus anchas, incluso a veces se paseaban y cruzaban la pista sin ningún temor y muy tranquilos.
A partir de Seriba, fuimos bordeando una depresión llamada Parakarunga que estaba totalmente inundada. Hacía más de 40 años que el agua no alcanzaba cotas tan elevadas. El paisaje era realmente sorprendente y ya se empezaban a ver esplendidos baobabs diseminados por la zona. Que ilusión!!

Pilar Blasco
 

Imagen de miviaje