Navegando por el lugar de las aguas. El Lago Atitlán

 En el lago Atitlán lo más hermoso es, sin duda, el camino.Lo importante no es llegar a… sino disfrutar del mientras.

 

 

El recorrido serpenteante hacia alguno de sus doce pueblos sirve de mirador de unas aguas siempre cambiantes. 

En el premiado libro, Grandes Viajeros 2005, Volcanes dormidos, de Rosa Regàs y Pedro Molina Temboury leo que el lago Atitlán es, junto con la ciudad de Antigua y las ruinas de Tikal, lo más hermoso de Guatemala. Podría estar de acuerdo.

A algo más de 1500 metros de altura sobre el nivel del mar, y custodiado por tres volcanes (San Pedro, Tolimán y Atitlán) y por un viento fuerte que provoca grandes remolinos en las aguas —El Xocomil— el lago Atitlán se nos muestra imponente y nos recuerda que la naturaleza siempre será la que tenga la última palabra.

Parece que el padre del lago fue el volcán llamado Atitlán y en cuya caldera se formó nuestro protagonista. Atitlán traducido de la lengua Náhuatl significaría algo parecido a lugar de las aguas.

 

Sus principales habitantes— las comunidades mayas tzutuhil, cakchiquel y quiché— siguen pidiéndole permiso a la madre tierra para despojarla de sus frutos y cosechas y continúan con sus ofrendas en agradecimiento a las lluvias y cultivos, mayoritariamente maíz, su alimento básico y sagrado.

 

 

Sus pueblos

 

Para moverse de una localidad a otra existen diversas posibilidades, con lanchas o barcas, a través de las aguas del lago, o por carretera. Entre algunas aldeas la distancia es tan corta que puede recorrerse a pie. Se contemplan paisajes maravillosos.

Panajachel es el centro neurálgico del lago. Con la infraestructura más amplia de hospedaje, ocio y actividades culturales del entorno. Todo transcurre a lo largo de su calle Santander y del llamativo mercado donde la variedad de productos, la disposición de los puestos, el bullicio que se forma y la amabilidad de sus vendedores atraerán la curiosidad del viajero. Punto y aparte merece la localidad de Chichicastenango en el vecino departamento del Quiqué (a 40 Km.) y donde todos los jueves y domingos se celebra uno de los mercados más famosos de Centroamérica. Testimonio increíble de lo que es un colorido mercado en estas culturas. Comentar de paso— debido a su importancia— que es aquí donde se encontró el libro sagrado de la civilización maya, el Popol Vuh.

Pero volvamos a Panajachel, porque su Museo lacustre muestra objetos que se han encontrado en los fondos del lago y nos aproximará al pasado de la cultura maya. Si paseamos por la parte alta de la localidad nos podremos hacer una idea de cómo eran los antiguos poblados.

Esta visita  ayudará a alejarse un poco del bullicio que se genera a la orilla de las aguas.

 

 

La segunda visita obligada es Santiago de Atitlán, ubicado en el extremo sur del lago e icono de la resistencia de un pueblo contra la opresión de sus gobernantes. En su iglesia está enterrado el corazón del padre Stanley Rother, párroco defensor de la causa indígena, que murió asesinado por el ejército guatemalteco durante la guerra civil que vivió este país desde el año 1960 hasta el 1996.

Uno de los mayores atractivos de Santiago es la original representación de su deidad más internacional, Don Maximon. Su imagen es custodiada por una familia diferente del pueblo cada año y es la encargada de que no le falte ni alcohol ni tabaco en ningún momento. Si lo visita no olvide dejar unas monedas o unos cigarros. Se dice que la imagen estuvo en el sótano de un Museo de París Durante años hasta que las autoridades francesas vieron que no tenía ningún valor histórico y decidieron devolverla a sus devotos del lago. Ellos niegan que Don Maximon saliera alguna vez de Atitlán.

Las mujeres de Santiago llevan el halo, una cinta de 11 metros de largo, a base de vistosos colores, enrollado sobre la frente como tocado.

Sobre su orilla izquierda—que como buen lago tiene sus monstruosos moradores de leyenda, luces que aparecen en medio de la noche y espíritus de princesas que se revelan— se encuentran las localidades de San Juan, San Marcos, Santa Cruz y San Pedro la Laguna, desde donde se puede acceder a la cima del volcán que lleva su nombre. Pero quizás si se busca tranquilidad en un entorno privilegiado por las vistas quizás, una apuesta segura sería Jaibalito. Su mirador es uno de los mejores lugares para contemplar las aguas del lago. Un buen libro con una cerveza marca Gallo y  ¡a disfrutar de la merecida tranquilidad!

 

Si con una embarcación se dirige hacia el lado este del lago, llegaría a Santa Catarina Palopó, a 4km de la bullicios Pana —diminutivo de Panajachel— y con un vecino, San Antonio Palopó, con curiosa vista sobre su ladera pintada por el verde de las cebollas que se cultivan en las terrazas del pueblo. Todo el pueblo huele a cebolla. Las mujeres visten brillantes huipiles azules y verdes y los hombres pantalones adornados con figuras geométricas y con fajines rojos. Siguen llevando el traje tradicional de antaño.

Si una mujer quiere casarse debe comprar una imagen de San Antonio de Padua y despojarle del niño y de la flor que éste lleva. Cuenta la tradición que el Santo se pondrá en marcha para encontrarle un buen marido. Y sólo así el santo podrá recuperar su flor y su niño.

Si buscar marido no está entre sus objetivos, puede relajarse en las fuentes termales de la zona.

Actividades acuáticas, baños de sol en sus playas, paseos en bici, largas caminatas, vistas inolvidables desde sus muchos miradores y sobretodo un acercamiento a una cultura maya de la que todavía nos queda mucho por aprender.

 

El lago Atitlán reúne una riqueza natural y humana como en pocos lugares del mundo.

 

Imagen de mSalvador

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