Nuevos tiempos en Mostar

Sentado en un pequeño recodo del río Neretva al anochecer contemplo la estilizada figura del Stari Most, el Puente Viejo que durante siglos fue el único nexo de unión entra las dos mitades de Mostar. La imagen parece sacada de una novela de Ivo Andric, como si el tiempo se hubiera detenido en el periodo otomano, y en cualquier momento pudiera aparecer un orondo bey o un veloz mensajero del sultán. Viendo este bucólico escenario es casi imposible imaginar que no hace tanto tiempo, Mostar fuera un campo de batalla y los hombres que hoy se sientan en las animadas terrazas junto a sus amigos empuñaran armas en vez de inofensivas tazas de café.

Antes de que la guerra se iniciara Mostar era una ciudad donde serbios, croatas y musulmanes convivían en paz, como sucedía en gran parte de Bosnia y Herzegovina, pero después de la desmembración de Yugoslavia, y la proclamación de independencia de Bosnia, los problemas no tardaron en aparecer también en Mostar. En abril de 1992 tropas serbias y montenegrinas iniciaron un feroz bombardeo sobre la ciudad y sus defensores croatas y bosniaks (musulmanes de Bosnia) que duraría varios meses. Después de una larga resistencia las fuerzas conjuntas de croatas y musulmanes consiguieron finalmente repeler el ataque. La pesadilla parecía haber terminado, aunque la batalla se había llevado por delante a los habitantes serbios de la ciudad que habían sido expulsados, y algunos de los monumentos históricos, destruidos sin piedad por uno y otro bando. Desgraciadamente la entente croato-musulmana era más débil de lo que parecía, y la pesadilla no había hecho más que empezar en Mostar.  
Los croatas estaban decididos a convertir la región de Herzegovina en un feudo propio en los que serbios y bosniaks no tenían lugar. El 9 de mayo de 1993 los croatas lanzaron un feroz ataque sobre los musulmanes hasta conseguir tomar la zona oeste de la ciudad y expulsar a los musulmanes que vivían en este lado de la ciudad. Los croatas tenían las de ganar gracias a su mejor armamento suministrado por Croacia e iniciaron un bombardeo sin tregua sobre la parte musulmana de la ciudad. Pero lo que llevó a Mostar a la primera página de los periódicos no fueron las muertes causadas por esta batalla, si no la destrucción del histórico Stari Most por parte de los croatas. La destrucción no tenía ninguna explicación militar, fue simplemente un ataque a todo lo que había representado históricamente el puente: la unión entre las diferentes culturas y religiones de Mostar.
Cuando finalmente Bosnia fue pacificada, Mostar se despertó de la pesadilla destrozada, y con su población dividida no sólo por el río, si no por un odio que difícilmente una armisticio podría mitigar. Muchos emigraron a otros lugares, pero los que se quedaron iniciaron la dura reconstrucción de la ciudad. Durante muchos años la ciudad continuó dividida, y ningún musulmán o croata se atrevía a cruzar al otro sector por miedo a represalias. En los últimos años la situación ha mejorado, la ciudad ha sido reconstruida, la gente vuelve de nuevo a moverse por la ciudad sin miedo, pero el gran empujón para rememorar los viejos tiempos fue la reconstrucción del Stari Most. Se decidió reconstruirlo usando métodos del siglo XVI y con la misma piedra de la misma cantera del original. El puente fue finalmente inaugurado en el 2004 simbolizando de nuevo la unión entre los habitantes de la ciudad.    


A mi alrededor se hallan esparcidos los bloques de piedra del antiguo puente. La piedra, dañada por el agua, jamás puedo volver a utilizarse en la reconstrucción y permanece como un punzante recuerdo de un pasado que nunca volverá. Decido dejar atrás mi privilegiada posición a los pies del puente para observarlo desde cerca. Callejeo por la ciudad vieja, atravesando tortuosas calles empedradas jalonadas por tiendas que parecen sacadas de un bazar oriental y venerables casas de piedra. Cuando finalmente llego junto al puente quedo prendado por la belleza del conjungo; el puente de piedra se halla secundado por las poderosas Torres de Tara y Helebija, una a cada lado, que vigilan celosamente al Stari Most. En el arqueado puente la gente hace fotos, pasea o admira la arquitectura y la perfección de la reconstrucción. Entre las casas de piedra de la ciudad vieja sobresalen espigados minaretes que difunden la voz del muecín llamando a la oración que se confunde con el rugido del río Neretva, creando una sinfonía única. La sugerente voz del muecín junto emergiendo sobre la redondeada cúpula de la mezquita Koski Mehmed Pasha evoca a los paisajes del Cuerno de Oro de Estambul.
Sin duda la ciudad vieja ha sido restaurada con mimo para que tuviera el mismo aspecto de antes de la guerra y evocara como ningún otro lugar en Bosnia el antiguo Imperio Otomano. Pero más allá de la ciudad vieja los recuerdos de la guerra son muchos. Las calles principales están llenas de grandes edificios abandonados, entre los que la naturaleza ha crecido exuberante, como si de las ruinas de una antigua civilización se tratara. Son especialmente conmovedores los alrededores del Puente Musala donde el esqueleto de la escuela de música del periodo austro-húngaro se mantiene en pie gracias a unos andamios de madera, mientras una moderna tienda de Benetton demuestra que en Mostar corren nuevos tiempos. A un lado del puente se levanta la fantasmagórica ruina del Hotel Neretva, donde hoy sólo los espíritus se atreven entrar y donde antiguamente se alojaron los huéspedes que venían a visitar la ciudad. Pero sin duda el lugar más estremecedor es el Bulevar Hrvatskih Branitelja, que durante la guerra fue la línea del frente y cuyos lados presentan una variada de colección de edificios en ruinas más de diez años después del fin de la guerra. Tan sólo los edificios construidos después del fin del conflicto permanecen vírgenes.


Tanto Mostar como Bosnia en general aún están en proceso de reconstrucción, y aunque el crecimiento del PIB haya sido constante en los últimos años, hay un tasa muy elevada de desempleo, los trabajos son precarios y mal pagados, y los jóvenes encuentran dificultades pare entrar en el mercado laboral. Tan sólo Sarajevo, como capital, ofrece más oportunidades, pero siempre lejos de los estándares de Europa occidental. Desde el fin de la guerra el ambiente ha mejorado pero la colaboración y relación entre ambas comunidades permanece bajo mínimos. La gestión de las entidades públicas de la ciudad se alterna entre musulmanes y croatas para no dar pie a nuevos problemas, y más allá de esta relación política obligada apenas hay cooperación. Para empezar Bosnia está dividida en dos, por un lado la República Srpska de los serbios y por otro la federación de musulmanes y croatas, y dentro de la federación, musulmanes y croatas también permanecen divididos.


Contemplando Mostar desde el puente, con la ciudad apareciendo a ambos márgenes del río me sorprendo de la creatividad del ser humano, que fue capaz de construir esta ciudad maravillosa en un enclave tan mágico, pero también de su sed de destrucción que llevó a sus habitantes a destruir ese mismo lugar donde sus antepasados habían vivido. Afortunadamente Mostar ha renacido de sus cenizas y de nuevo es posible deleitarse con las vistas de la ciudad vieja, los devaneos nocturnos por las calles levemente iluminadas o simplemente con una buena taza de café o unos deliciosos cevapis, la especialidad culinaria de Bosnia.

 

Imagen de mMorte

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