Este año el otoño se hizo esperar en Buenos Aires.
Ya estábamos entrando a Mayo y todavía teníamos temperaturas por encima de los 25º, sin lluvias, prolongando el "veranito"...
Pero el otoño ya está aquí. Trajo de la mano algunas temperaturas muy bajas, pero se resiste a las precipitaciones, lo que permite disfrutar de un paisaje que envuelve, melancólicamente, la vida en la ciudad.
Basta con dar una recorrida por diferentes barrios. Por supuesto, las escenas más significativas están en aquellos donde las arboledas forman parte activa del entorno. Árboles con diferentes tonalidades desde el amarillo hasta el marrón oscuro, pasando por los ocres, pardos, rojizos, etc... Mientras algunos ya insinúan su desnudez, otros ostentan la perennidad de sus hojas verdes. El suelo cubierto con mullidas alfombras de esas tonalidades y, de repente, la brisa fresca -o francas rachas de viento- hacen su barrida indiscriminada dejando al descubierto alguna superficie...
Escenas de este tipo se pueden vivir -y se repiten- en los bosques de Palermo, en Recoleta, Belgrano...en las plazas y calles de Almagro, San Cristóbal, Caballito...en Parque Lezama, Parque Centenario, Parque Rivadavia...como también en las plazoletas centrales de la Av.9 de Julio (en la intersección de ésta con la Av.Corrientes, el Obelisco se yergue, soberbio, como un vigía atento)...
Un capítulo aparte amerita la Reserva Ecológica y todo su paseo adyacente por la Costanera Sur. La tibieza del sol del mediodía cobija a sus huéspedes. En realidad, todo el año recibe a sus huéspedes, pero esta época tiene un encanto especial en este lugar... Los habitantes de Buenos Aires lo eligen . Allí se ven familias, gente sola, parejas, amigos, que van a tomar mate yaciendo en una mantita sobre el césped; también niños correteando atrás de una pelota; lectores que se entregan a sus libros y otros a caminar, correr, andar en bicicleta, patinar...
Por supuesto, los puestos de "choripan" (emparedados de chorizo) están en actividad incesante, ofreciendo también sus exquisiteces a la parrilla: lomito, vacío, bondiola...El aroma envolvente de esta especialidad gastronómica argentina seduce y atrapa fácilmente..."¡Che!, ¿nos comemos un chori?"...Una mirada cómplice asintiendo y enseguida entregándose a lo irresistible...
Pero además, todo es una fiesta: por aquí un enorme grupo de gente tomando una clase de salsa y ritmos caribeños en un lateral del anfiteatro; más allá, otros haciendo una batucada brasilera con todos los curiosos que palmean al ritmo o se "enganchan" con el baile: en la escalinata de acceso al antiguo espigón (donde los porteños iban a pescar antes de que la Naturaleza construyera su gran obra, la Reserva Ecológica), otros muchos disfrutan de la música folklórica de nuestro país, improvisando en la terraza una peña con baile y todo...
Y finalmente, un secretito especial: a un paso de allí, en los jardines del Museo Ernesto de la Cárcova, las mesas buscan los rayos de sol entre los árboles para almorzar o merendar en un entorno mágico y apacible. Entre plantas, gente y esculturas, los gatitos hacen su siesta otoñal y un coro de pájaros nos brinda su música.
La caída del sol y el fresco de la tarde no llegan a amedrentar a los porteños...Parece que se resistieran a abandonar ese ámbito que los alberga donde conviven naturaleza, cultura popular, descanso, recreo...No muy lejos de sus hogares y muy cerca del gran río...
(Tal vez más tarde -enfundados en sus abrigos- gran cantidad de ellos aplauda y baile acompañando a un grupo de rock o se entreguen a bailar lambada... O tal vez alguno diga: "¡Che!, ¿vamos a tomar un chocolate con churros en La Giralda?"...
Comentarios
BA
Gracias, gracias por un comentario en directo (con fotografía incluida) que nos trae lo mejor de Buenos Aires. Me alegra comprobar que la Reserva Ecológica se ha consolidado como uno de los lugares en donde naturaleza y cultura se dan la mano en una de las grandes urbes dle planeta. Ojalá que ese tesoro (que no otra cosa es el bien común) se matenga siempre así y que sepa resistir a la depredación inmobiliaria.
Pinceladas de otoño en Buenos Aires
Gracias maría Lelia por tu artículo que me ha permitido viajar contigo a mi querida Buenos Aires. Puedo sentir sus aromas, su colorido, sus voces, los encuentros y sus emociones.
Espero que continúes escribiendo para poder acompañarte en esta aventura, desde Madrid, sintiéndome más cerca de lo que siempre me siento.
Gracias
Mariela DFB
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