El Festival y el Campeonato Mundial de Baile de Tango ya llegaron a su fin. En la atmósfera todavía quedan los ecos de tanta música, tantos aplausos, tantos suspiros, tantas vivencias...
Si bien el Tango siempre está, estos eventos son la expresión nítida y contundente de su vigencia, ya que a lo largo de un mes se concentró gran diversidad de actividades -con entrada libre y grauita- que convocaron a miles de personas.
Sabemos que el Tango tiene diversas facetas con sus respectivas expresiones: la música, el baile, la poesía... Pero también en torno a estos ejes hay otras vertientes y otros protagonistas: historiadores, cineastas, artistas plásticos, publicaciones, industria de indumentaria, industria discográfica, artesanos, profesores, intérpretes, etc.etc. Todos ellos, de una u otra manera, han estado presentes.
Pero más allá de las particularidades, hay un fenómeno especial: nuevas voces, nuevos movimientos, nuevos intérpretes se hacen lugar y se integran con los cásicos, los tradicionales..."Nuevos aires" de Tango se respiran en Buenos Aires...¡Bienvenidos sean!
Experiencias con Japoneses
Son muchos los grupos de japoneses que vienen especialmente para estos eventos. Son conocedores y amantes del tango desde la década del '40 cuando los vínculos comerciales y culturales con Argentina se estrecharon luego de la guerra.
Actualmente viajan a las antípodas durante largas horas para sumarse a la gran fiesta del Tango. Algunos ya saben bailar y vienen a competir, a perfeccionarse o a disfrutar en las milongas; otros se entregan como espectadores fascinados en las exhibiciones y conciertos; conocen de historia, autores y compositores...
Por mi especialidad me ha tocado compartir con algunos de ellos algunas actividades: Hacemos el recorrido por el Barrio del Abasto -barrio de tango, barrio de Gardel. Observan, preguntan, callan...Luego en el Cementerio de la Chacarita, realizan su sentido homenaje a este ícono porteño en el mausoleo que lo recuerda siempre vivo...A pocos metros de allí, más de una lágrima he visto rodar en sus mejillas mientras ofrendan sus claveles rojos -símbolo que lo identifica- al gran Maestro Osvaldo Pugliese cuyo monumento lo muestra sentado al piano...como siempre...con su sencillez, con su grandeza...
Yo también observo, pregunto, callo...y me permito derramar mis propias lágrimas: momento sublime, momento de emoción...
Encuentros de Tango en Buenos Aires: puertas abiertas...corazones abiertos...
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