El tesoro de Rackham El Rojo

Si, como yo, pertenecéis a la generación cuyas ansias de viajar se originaron entre las páginas de los célebres álbumes de Tintin, conoceréis sin duda a uno de sus personajes más entrañables: el profesor Tornasol.
En “El tesoro de Rackham el Rojo”, el despistado –y ligeramente duro de oído--  profesor se pasaba la aventura entera insistiendo en la dirección a seguir si es que, de verdad, querían hallar el dichoso tesoro. Su péndulo lo indicaba de manera inequívoca : Siempre al Oeste.
Un péndulo parecido debió ser el que guió a Josep Maria Romero –nuestro querido compañero de blog—a lo largo de su extenso periplo alrededor del mundo. A lo largo de catorce meses, sin mapas ni guías, y sin utilizar nunca el avión, Romero se dedicó a realizar el más estrambótico recorrido de las Ramblas de Barcelona de la historia: Fue de Colón a la Plaza Cataluña --vía Nueva Zelanda-- avanzando siempre hacia el mítico Oeste de Tornasol.
El punto de partida de su viaje fue cierto secreto gompa tibetano escondido entre las azoteas del Barrio Gótico. Descendió desde esas alturas a la estrecha callejuela que es la suya, alcanzó sin dificultad la Boqueria y, desde ahí, se dirigió a la zona del puerto donde le esperaba el Dollart Trader, el carguero que habría de transportarlo hasta Brasil.
Catorce meses más tarde, después de atravesar el Atlántico, el Amazonas, el Pacífico, Nueva Zelanda, Australia, numerosas islas de Indonesia, el Sudeste asiático, la China, Siberia y Europa hasta Canet de mar, un tren de cercanías cumplió su modesta misión acercándolo, en efecto, a la plaza Cataluña. De ahí, con una solemnidad que los muchos peatones que lo rodeaban no acertaron a adivinar en sus pasos, se dirigió a su kilómetro cero personal, su origen y final de línea.
Para nuestra fortuna, Josep Maria decidió compartir sus experiencias redactando un extenso libro (y sin embargo, a mi entender y a pesar de sus casi seiscientas páginas, demasiado corto).
El viaje literario que emprendió ha dado como resultado un relato intimista y personal que atrapa al lector desde la primera página para no soltarlo hasta la última, cuando el nómada muere para que nazca el narrador de historias. Y es un muy buen narrador que sabe transmitir junto con el recorrido físico, los avatares interiores de su ánimo –y desánimo a veces— que conforman el tejido secreto de todo gran viaje.
Un consejo: No os lo perdáis. Degustadlo. Si os apasionan los viajes y la literatura lo vais a disfrutar. Yo lo he leído dos veces. La primera con pasión. La segunda, demorándome en cada recodo del camino y el texto, el libro me gustó más todavía.
En su colección “Heterodoxos” Altaïr ha publicado la versión en castellano. La editorial Brau se encargó de la versión original en catalán.
No estaría nada mal que el autor se decidiera a una nueva aventura dirigiéndose, esta vez, siempre hacia el Este. Seria otro viaje y, con toda certeza, otro libro de viajes apasionante.
Si queréis más detalles os sugiero que consultéis la web www.jmromero.com       
 
         
   
   
 

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