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Ronda oriental (11): Shanghai, mon amour

 

 

 

Me dice Chris, mi compañero de piso, editor de profesión, que cuando se marche de Shanghai no la echará de menos. Que no mirará atrás. Argumenta que es un lugar inconcreto, sin perfiles que recordar. Yo le respondí que eso es precisamente lo que me seduce de ella.

Llevo tres meses aquí. Es un espacio gris: gris de cemento y de humedad. Porque la presencia acuática en Shanghai consiste esencialmente en la humedad. El mar queda lejos, diríase que vivimos en una ciudad de interior. Es una lejanía mental, claro: el chino es de tierra adentro, para nada como el mediterráneo, siempre ansioso por trazar un paseo marítimo en que recibir la caricia del sol de invierno y agotar las noches de verano.

Habito un piso diecinueve en un edificio de veintinueve, rodeado de otros edificios similares. Como la mayoría de semejantes. El resto vive en barrios antiguos de casas bajas, a las que tarde o temprano llegará la hora del bulldozer, a no ser que se trate de un barrio protegido o caiga bruscamente la demanda, cosa esta última nada probable, a juzgar por el número de agencias inmobiliarias existentes, tan solo superado por el de restaurantes y peluquerías.

Chris tiene razón: Shanghai no ofrece perfiles. Es un lugar gaseoso. Sin fronteras. La vida aquí consiste en cruzar avenidas anodinas, refugiarse del calor en centros comerciales cualesquiera y deglutir fideos en restaurantes baratos que no es preciso recordar, porque hay otro exactamente igual en la siguiente esquina.

Y, sin embargo, aquí voy dejando correr los días, en régimen de una felicidad apreciable. Confieso que albergo una singular sensación de libertad. Sospecho que la nutre el desmedido cosmopolitismo, tan en la misma raíz de la ciudad, que la convierte en patria de gentes sin patria. Porque el chino no está para estas cosas, de las patrias quiero decir, bastante tiene con ganarse la vida.

Un día de estos agarraré la maleta y abandonaré Shanghai, para continuar mi ronda oriental. El impulso será repentino, si me conozco un poco. No sé si me volveré en el último momento, pero es seguro que la ciudad permanecerá con honores especiales en mi memoria. Debe ser una cuestión de edad. Tengo veinte años más que Chris, y probablemente demasiados perfiles almacenados. Así que aprecio por encima de todo los espacios ilimitados, las fronteras difuminadas, las brumas, los misterios. Será que pesan menos.

Imagen de jmRomero

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