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Ronda oriental (10): Yangshuo: extraodinaria belleza cárstica

 El geógrafo serbio Jovan Cvijic publicó en 1893 "Das Karstphänomen", un estudio sobre la meseta de Kras, en la actual Eslovenia. Desde entonces, "Karst", versión del topónimo en alemán, lengua oficial del Imperio Austrohúngaro, se ha convertido en la voz utilizada en geología para designar a esos territorios de roca, mayoritariamente caliza, que han sufrido desgaste por agua.

Tardé más de lo razonable en darme cuenta de que el poder de esta región cárstica -el territorio situado entre Guilin y Yangsho, en la cuenca del río Li- radicaba en el tamaño: en su inmensidad, que abruma al individuo ínfimo, y expone una deslumbrante multiplicidad de matices. A lo largo de muchos días recorrí senderos, caminos y carreteras, navegué por ríos, atravesé pueblos y coroné cimas, y siempre estuve vigilado por esas formas rocosas, las cuales se prolongan hasta el infinito por los cuatro puntos cardinales.

Son rocazas, más que montañas, y su tamaño nunca discorda: es más importante el conjunto que lo singular, aunque los lugareños, inevitablemente, han destacado a algunas por la forma: el Pulgar, el Beso, la Luna, etc.

 

La paleta de colores se presenta asimismo uniforme. Como sucede en los desiertos, la jungla o los hielos, la belleza se halla en los matices. A la luz de un día claro, se distingue una base beige manchada de brochazos negros, como lagrimones, y estampada de un verde vegetal vitalísimo. Si se enmarca parcialmente, como en una de las fotos de Kahori Yamaguchi, diríase que es una obra de arte contemporáneo.

El agua suaviza los colores del conjunto. El río Li y sus afluentes van recogiendo el reflejo de las formas, y creando, en combinación con las luces cambiantes del día, millones de posibilidades estéticas.

Pero es en el mal tiempo cuando la región ofrece una belleza superior. Con la lluvia que difumina los perfiles. Con las sombras generadas por las nubes. Con la niebla inquieta, que transmuta constantemente lo que vemos.

Y en la noche, que es capítulo aparte. Atravesada la grieta crepuscular, uno se da cuenta de que las rocas respiran. De que son un ejército de pacientes guerreros. Ancianos cansados de sí mismos. Bestias dormidas. Seres de un mundo fantástico, ilimitado.

En la región de Yangshuo, se comprende mejor la dimensión religiosa que para los chinos contienen esos paisajes, tan característicos: montaña, río, niebla, hombre. Nos acercan unos pasitos al Cielo.

Imagen de jmRomero

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