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La Isla (II) : El mito de la Polinesia

Entre los mitos europeos de islas-paraíso que se niegan a perecer sobresale el de la Polinesia. En el siglo XVIII se creyó encontrar en los archipiélagos aislados de los Mares del Sur los restos de una humanidad perdida, gentes que vivían todavía en un estadio de inocencia anterior a la "civilización", en el que algunos aspectos de la vida humana podían haber alcanzado niveles superiores a los conocidos entonces: era el mito del buen salvaje de Jean-Jacques Rousseau y de libros como Nueva Visita a Tahiti de William Hogdes. Por eso el navegante Louis-Antoine de Boungainville llamó Nueva Citerea (la patria de Venus, Diosa del Amor) a Tahití. Pero pronto él, como Samuel Wallis, como James Cook, comprendió su error cuando asistió a las feroces guerras intertribales y comprobó la división de la sociedad polinesia en castas.

¿Es posible el viaje sin retorno a la Isla? Los descendientes de los amotinados de la Bounty encontraron su paraíso final en Pitcairn, pero antes sus padres se entremataron todos menos uno: para aquellos marineros ingleses del siglo XVIII Pitcairn más bien llegó a ser un infierno. Los 51 habitantes actuales del atolón de Palmerston descienden de William Marsters y sus tres mujeres polinesias, que en 1863 se instalaron en esta islita de las Cook. Diríase que para ellos si lo fue. El neozelandés Tom Neale se hizo famoso por su libro An Island to Oneself (Una isla para uno mismo): un verdadero decálogo para quien quiera vivir como robinsón en un atolón. Neale narra su vida en la isla de Suwarrow (también en las Cook) como un eremita, rey en su propia isla; pero tampoco él hizo de su isla una residencia permanente, sino solamente provisional y durante dos periodos diferentes entre 1952 y su muerte en 1977.

Robert L. Stevenson y Samoa, Paul Gauguin o Jacques Brel y Hiva Oa... Unos encontraron su isla y se quedaron. Pero otros que también la poseyeron, huyeron: el hombre blanco pocas veces sabe dejar atrás su pasado. Es un ejemplo Herman Melville que, prisionero en el valle de Taipivai de Nuku Hiva, en 1842, comprendió que la felicidad de los polinesios marquesanos era insuperablemente superior a la de sus contemporáneos blancos, pero sin embargo no pudo resistir la tentación de huir: "no se puede retroceder" escribe D.H. Lawrence en el prólogo a Tahipi, el libro de Melville. Es otro ejemplo Thor Heyerdahl, que en 1936 pasó un año con su esposa en Fatu-Hiva intentando el retorno a la naturaleza para descubrir al final que "el hombre moderno no tiene sitio a donde regresar". De su confesión hizo un libro: Fatu-Hiva.

 

Imagen de jBartroli

Comentarios

El verdadero error de Cook

El verdadero error de Cook fue dejar escrito en su diario que los nativos conocían el comercio basado en el intercambio remunerado o el trueque. Y que otros (por ejemplo, Adam Smith) vieran en esas descripciones la confirmación de que en toda sociedad humana (hasta en las más "arcaicas") el ánimo de lucro es el principal motor.

Aun son magicas estas islas?

Hoy en dia, el turismo , los viajes de novio y el lujo invaden estas islas, tal vez pitcairn y las tuamotu esten un poco todavia a salvo, pero por cuanto tiempo?

Existe el turismo sostenible en estas islas? Es curioso comparar fotografias de Bora Bora actuales con las de hace unas decadas.

He estado alli y es el paraiso, pero es cierto que no puede seguir siendolo durante mucho tiempo, al ritmo que va.

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