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París y el sueño de Bonaparte

París no es una ciudad construida a la medida del hombre. París es una ciudad superlativa y, como tal, escapa de los límites racionales. Su grandiosidad no podría explicarse sin José Bonaparte. El primero de los Napoleones quiso inmortalizarse a través de esta capital y su incontestable orgullo provocó tanto exceso. Reinventó una ciudad a la medida de su ego. Inmensa. Desde entonces, París atestigua los sueños de grandeza del más internacional de los franceses.
 
Cuando no llueve, casi siempre, París es la ciudad de la luz. El título oficioso se lo debe a la piedra blanca de los edificios que reflejan toda su belleza en las aguas del Sena. Ciudad narcisista condenada a mirarse a sí misma.
 
París es también una ciudad de cine. Aunque la mires por vez primera, crees que la has visto antes. No es una ilusión óptica. La conoces, pero desde el ángulo que directores y fotógrafos te la mostraron. La herencia del “siempre nos quedará París”. Ahora la reinventas porque, como paseante de sus calles, te concede al menos esa licencia.

 

Imagen de jMoreta

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