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Fidel vs Reyes Magos

            El triunfo de la revolución castrista y su posterior viraje hacia el comunismo no sólo motivó decisivos cambios estructurales en la economía cubana. Fidel Castro nacionalizó grandes empresas estadounidenses, como la United Fruit Company o hasta el Habana Hilton –Habana Libre desde hace casi media década-, pero también las escuelas católicas expulsando a buena parte del clero. En su persecución, prohibió en 1969 la celebración de la Navidad por decreto gubernamental, con el pretexto de trabajar sin descanso para alcanzar diez millones de toneladas de azúcar al concluir la zafra (cosecha).

            Fidel también suprimió las procesiones religiosas, la Semana Santa e incluso a Papa Noel, a quien sustituyó por un barbudo con uniforme verde olivo llamado Don Feliciano, en quien los niños cubanos jamás depositaron excesiva fe. También robó la magia a los Reyes de Oriente. El Partido Comunista ordenó a los maestros que todos los niños les escribieran sus ilusiones infantiles. Cuando los escolares –desilusionados porque sus Majestades habían pasado de largo- regresaron a la escuela el 6 de enero, sus educadores les explicaron que la tradición era un engaño porque la Iglesia estaba al servicio de los explotadores del pueblo. Hasta el universal Jingle bells cambió su estribillo en Cuba: “Jingle bells, Jingle bells, ¡siempre por Fidel!”.

            Tampoco renunció Castro a incluir su propia visión de la historia sagrada en los libros de texto. Según el periodista Serge Raffy, a mediados de los noventa se leían en los libros escolares de Historia Antigua frases como la siguiente: “Hace unos dos mil años, se difundió el rumor de la existencia de Cristo, que se suponía era el hijo de Dios, pero la ciencia ha probado que este Cristo nunca existió”.

            El acoso y derribo a la Iglesia católica se suavizó ligeramente en 1998 a raíz de la visita de Juan Pablo II a la isla. Un mes después del peregrinaje del heredero de Pedro, volvió a celebrarse la Navidad en Cuba y los cristianos recuperaron la Misa del Gallo. Hasta ahí llegó la clemencia de Fidel, ateo confeso pese a ser educado por los jesuitas tanto en Santiago como, más tarde, en el colegio Belén de La Habana.

            La fantasía popular cubana relata, a modo de chiste, que durante su visita a la isla Juan Pablo II paseaba una mañana junto a Fidel por las capitalinas Playas del Este. Como aquel día el viento no sabía de caricias, al Santo Padre se le voló el solideo blanco, con tan mala fortuna que se adentró mar adentro. En un raudo gesto de cortesía diplomática, cuentan con humor que Fidel alcanzó la orilla y caminó sobre las aguas sin hundirse hasta recuperar el solideo. Al día siguiente, según el chiste, el periódico Granma apuntó en la primera página: “Un nuevo milagro: Fidel anda sobre las aguas como Jesucristo”. En cambio, la noticia de portada del Miami Herald informaba de forma bien distinta a la disidencia cubana: “La muerte del dictador cubano está cerca: Ya ni sabe nadar”.

 

 

 

Imagen de jMoreta

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