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Acuérdate del Maine

“Acuérdate del Maine”, les gritaban a los jóvenes norteamericanos que se alistaron voluntarios para combatir contra España en la Guerra de Cuba. El hundimiento del acorazado Maine proporcionó a Estados Unidos la excusa para colarse de rondón en una guerra que no era la suya. Fue el primer conflicto armado que creó la prensa.

 
Esta pequeña obra de teatro la escribí para la presentación en Salamanca, mi ciudad, del libro de viajes “Cuba, más allá de Fidel”. Después, con varias actuaciones musicales en directo y la proyección de un audiovisual, todo se fue complicando y la representación durmió el sueño de los justos en la pantalla de mi ordenador. Ahora la recupero para que, si os apetece, la representéis en vuestra imaginación mientras leéis estos tres folios donde aparecen periodistas que existieron como Henry Scovel,  el gran Stephen Crane o el magnate William Randolph Hearst. Hay guiños a “Amanece que no es poco” o “Luces de Bohemia” y también se habla de un tal Fidel.
 
 
ACUERDATE DEL MAINE
 
ACTO PRIMERO
(Foto proyectada del Hotel Inglaterra y del Maine hundido en la bahía de La Habana)
 
(Estallido. Un hombre negro corre desde el fondo del teatro y, cuando llega al escenario, grita desencajado: ¡Ha estallado el Maine! ¡Ha estallado el Maine!
 
Henry Scovel (el periodista bebe tranquilamente sentado en la terraza del Hotel Inglaterra): ¿Se puede saber qué miras? Para de gritar y sírveme otro mojito. ¡Apúrate muchaaacho, que ya estás tardando! ¡Ay, cómo está el servicio!
 
(Stephen Crane, corresponsal de guerra en Cuba, llega corriendo y visiblemente alterado)
 
Crane: ¡Scovel! ¡Scovel! ¡Por los clavos de Cristo! ¿Te enteraste? ¡El acorazado Maine ha volado por los aires en la bahía de La Habana! ¡Los muertos se cuentan por decenas!
Scovel: ¡Malditos españoles. Jamás debimos fiarnos de estos iberos traidores!
Crane: ¡¿Los españoles?! ¡Ni una sola prueba les inculpa!
Scovel: Todas mis fuentes lo confirman. No hay duda: ¡Han sido los españoles!
Crane: ¿Tus fuentes? Scovel… Nadie te vio por la bahía porque no te has movido de esta terraza en todo el día.
Scovel (mira con deleite su mojito): No lo necesito. Mis fuentes son de primera y, además, saben riquísimas (ríe el bribón mientras levanta su copa). ¡Salud! (ríe de nuevo)
 
(Stephen Crane camina hasta el teléfono para transmitir su cable a la redacción en Estados Unidos)
 
Crane (habla abatido): Buenas noches, Mr. Hearst. El Maine ha estallado en la bahía de La Habana.
Mr. Hearst: ¡El Maine! ¡Paren máquinas! ¡No hay noticia más grande que ésa. Tenga por seguro que extenderemos la noticia por toda la primera página! ¡Esto es la guerra! ¡Esto es la guerra! ¡Malditos españoles. Jamás debimos fiarnos de estos iberos traidores!
Crane: Pero, Mr. Hearst… ¡Ni una sola prueba les inculpa!
Mr. Hearst: Hijo, escúcheme con atención: Usted quédese en La Habana, beba mojitos, fume un buen puro por el Malecón, conquiste a una bella mulata para ver juntos los atardeceres y, ya de paso, me cuenta lo que ocurre. Mientras yo… ¡Yo pondré la guerra!
 
(Stephen Crane, cuelga el teléfono y camina hasta la zona del escenario más próxima al público, a quien se dirige con desánimo)
 
Crane: ¿Escucharon a Mr. Hearst? ¡Si una noticia llega como un ratón a Cayo Hueso, es cableada al norte convertida en un elefante! A Cuba deberían haber enviado dramaturgos y no periodistas. Los dramaturgos pueden permitirse bajar el telón de vez en cuando para decirle al público: “Atención ahora se supone que han transcurrido ya tres o cuatro meses”. Pero a nosotros, a los corresponsales de la primera guerra que creo la prensa, se nos exige mantener levantado el telón todo el tiempo. “La gente quiere noticias. La gente está ávida de noticias”, nos repiten.  ¿Ustedes quieren noticias? ¡¿Si?! Muy bien: ¡Acción continua entonces!
 
 
ACTO SEGUNDO
(Imágenes de fondo con rotativas en movimiento)
 
(Un vendedor camina de un lado a otro del escenario y grita distintas portadas de periódico mientras tira papeles al aire)
 
¡Extra, extra! ¡El hundimiento del Maine mata a 260 americanos en la bahía de La Habana!
 
¡Extra, extra! ¡Estados Unidos asegura que una mina provocó la explosión del Maine y declara la guerra a España!
 
¡Extra, extra! ¡Los americanos hunden en Santiago la escuadra del almirante Cervera y amenazan con tomar Las Canarias si España no se rinde!
 
¡Extra, extra! ¡España pierde su última frontera! (se detiene y dice grave: ¡Españoles, la guerra ha terminado! Uy, ¿en quién estaría yo pensando?).
 
(Disparan contra el vendedor, que se protege tras las hojas del último periódico que le queda en la mano)
 
(El vendedor se encara al público): ¡Disparen, disparen! ¡Ya me extrañaba que todavía no hubieran disparado contra la verdad! ¡Apunten bien, quizás así caiga también algún periodista!
 
ACTO TERCERO
 
(Se ve en un mástil la bandera española que, a toque solemne de corneta, baja para, desde el suelo, subir la enseña estadounidense)
 
Corneta (homenaje a Amanece que no es poco cuando la bandera americana ya esté izada): Anda que no debe estar bonito esto. Las tropas ahí quietas, y yo aquí de perfil como un masai. ¡Pues no viene nadie a verme! (toca por última vez la corneta mientras sale del escenario y desafina). Al menos ya amanece, que no es poco…
 
 
ACTO CUARTO
(Foto fondo Valle de los Ingenios –sierra cubana del Escambray-)
 
(Dos combatientes, uno de cada bando, caminan hacia atrás hasta que, al llegar al centro del escenario, chocan espalda contra espalda y caen al suelo)
 
Combatiente cubano: ¡Caraaajo, un godo!
Soldado español: ¡Santiago y cierra, España. Un mambí!
 
(Se apuntan con sus fusiles y, cuando miran hacia el mástil, ven hondeando la bandera de Estados Unidos y la española y cubana en el suelo)
 
Combatiente cubano (ya relajado): ¡No cojas lucha, gallego! ¡No vamos a meternos un plomo en la cabeza ahora que nuestros jefes se fumaron la pipa de la paz!
Soldado español (melancólicamente abatido coge en sus manos las dos banderas del suelo sin dar crédito): En verdad, españoles y cubanos somos dos pueblos hermanos. ¡Hermanos en la tragedia! Nos matamos durante quince años y tres guerras para compartir ahora el agrio sabor de la derrota. (Le pasa su cantimplora al soldado enemigo y se sientan en el suelo)
Cubano: ¡Muchaaacho, echa agua al dominó y no te castigues que ya habéis sudado mucho acá en Cuba! Piensa a dónde irás ahora.
Español (se levanta solemne): ¡Al callejón del gato!
Cubano: (se ríe y casi se ahoga mientras bebe de la cantimplora) ¿Y por dónde caraaajo tú dices que queda el callejón de misifú?
Español: Donde los héroes clásicos se reflejan en espejos convexos y dan el Esperpento. ¡Ay, me duele España!
Cubano (se levanta y da al español una palmada en el hombro): ¡Los latinos siempre os ponéis estupendos, mi hermano! Ya tú sabes que a mí lo que me duele es la barriga del hambre que hemos pasaó. ¿Cómo tú crees que era nuestro rancho? ¡Tremendo, compañero! Es lo que reservan a las colonias: el café de la bodega…  Oye compay, ¿por qué no te quedas acá en Cuba libre ahora que ya no nos damos más candela?
Español: ¡¿En Cuba?!
Cubano: Claro. Mira… Los hoteles de Varadero todavía son un invento lejano pero chiiico ahí mismito está la playa, ya tienes el pasaje pagado y los americanos meterán acá muchos fulas (dólares). Ésta será la tierra de las oportunidades. Luego te enamoras de una cubanita requete linda y alumbráis una recría bajo un bohío. ¿Te imaginas que uno de tus muchaaachos llega a general de Cuba? ¡Cojoya! (se ríe con ganas) ¡El hijo de un gallego general de Cuba! ¡Esto es la revolución!
Español (se ríe también): ¡¿General?! Por lo menos… ¡Comandante en Jefe!
Cubano: Eso, eso, Comandante en Jefe, compay (se cuadra y grita ceremonioso). “¡Comandante en jefe, ordene! ¡Para lo qué sea, dónde sea y cómo sea!” Qué bueno crear un ejército nuevo: Asciendes sin pasar por la academia. Unos meses pegando tiritos en la Sierra Maestra y entras en La Habana como un nuevo César.
Español (Se abrazan y se retiran del escenario riendo): ¡Patria o muerte!
Cubano: ¡Venceremos!  
Los dos a la vez: ¡Hasta la victoria siempre!
Cubano: ¡Viva Fidel!
Español: ¡¿Fidel?! ¿Quién coño es Fidel?
Cubano: Más nada, compañero. Una ilusión.
 
FIN
 
Imagen de jMoreta

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