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Javier R. Miró de Mesa

Wasawasa

Suenan guitarras y ukeleles. El día ha llegado a su fin y entre el susurro de las palmeras mecidas por la suave brisa nocturna van surgiendo las voces de las islas. Sentados sobre esteras que manos femeninas, laboriosas y pacientes tejieron; alrededor del tanoa, enorme cuenco tallado en madera que contiene la kava, bebemos sin prisa alguna la yaqona. Charlamos, gastamos bromas, bailamos, nos reímos, contamos historias de aquí y de allá… es lo que en las Islas del Pacífico llaman talanoa. Con el mismo espíritu os doy la bienvenida, os invito a compartir este, mi pequeño y la vez inmenso universo de islas a través de mis vivencias personales, de mis momentos de reflexión, de mis anotaciones, poesía, artículos, entrevistas y relatos; de mis consejos y recomendaciones de viaje para que podáis descubrir la realidad de las Islas del Pacífico hoy. Y como talanoa es compartir, abierto a vuestra curiosidad, preguntas, sugerencias y críticas!

 
  • Biografia: 

    Mi pasión
    por las Islas del Pacífico, es una larga historia y no dejaría de decir que es
    bella, puesto que es la mía. Ni Herman Melville, ni Paul Gauguin, ni tan
    siquiera Robert Louis Stevenson  suscitaron mi fascinación por los Mares del
    Sur, en todo caso Louis Becke, Edgar Leeteg o Robert  Dean Frisbie Surgió en mi infancia, de la
    lectura  de un libro que escribió un
    hombre sencillo, excepcional aquel 
    que  aún hoy no ha dejado de
    serlo. Me lo regalo mi padre el día de mi cumpleaños en una visita a aquella
    pequeña  librería de viajes de Barcelona
    que dos jóvenes  le habían dado el nombre
    de Altaïr. Su autor, el primer navegante solitario español en dar la vuelta al
    mundo y  que largo amarras el mismo día
    en que nací  yo - ¿destino, casualidad?
    -  y que con el paso de los años tendría el
    privilegio de conocer. Aquellas páginas llenas de poesía “reflejo de mi alma…”  ,  me trajeron la simplicidad y belleza de unos
    paisajes y gentes que en pocos años  transformarían en privilegiada mi primera
    juventud…. Un largo viaje, la consecuencia, tras siete años de espera:   Islas Cook, dieciocho años recién cumplidos…
    seis meses viviendo en Rarotonga… una semana en una isla desierta en el
    archipiélago de las Tonga en el corazón de los 
    Mares del Sur  …Al regreso, ya
    nada volvería a ser igual.  Desde entonces,
    he realizado un viaje tras otro a esta remota región del planeta, pasando
    largas temporadas en Samoa, Fiji, Islas Cook, Tonga, Vanuatu, Kiribati… Cada
    isla del Pacífico es un mundo propio y fascinante; mi pasión es Amerika Samoa,
    mi ciudad Suva, mi retiro espiritual Rotuma…

    Actualmente
    resido en Auckland (Nueva Zelanda) 
    ciudad cosmopolita y capital de la Polinesia, en tierra de los tangata
    whenua, desde la que no dejo de saltar de diminutos anillos de coral y fértiles
    tierras volcánicas, que surgen de las profundidades marinas con  la 
    misma magia y seducción que lo hacen los 
    oasis en el desierto hasta ir,  de
    aquí para allá, desde  los suburbios de
    la capital fijiana  donde la pobreza
    desgarra la tradición, hasta  los barrios
    periféricos de Auckland donde los jóvenes samoanos y tonganos reinventan su
    identidad y orgullo cultural a través del Urban Pasifika sin dejar de lado los
    valores tradicionales heredados de sus padres y abuelos.

    ¿Artista,
    poeta, periodista, escritor, lector   … locutor
    de radio … viajero apasionado Simplemente nómada   ( a la búsqueda, al encuentro vital con
    Dios… y con el otro. La embriaguez mística, surk, que proporciona el viaje sin
    recursos y sin  nada  asegurado) 
    entre las olas bajo el cielo interminable del Pacífico Sur o  bajo el sol inquisidor de los confines de
    africanos caminando delante de las vacas 
    junto a los mbororo,.. sublíme ! El Pacífico mi océano. África mi
    continente“… y las nalgas y
    muslos de los jinetes peul sintiendo el calor de la bestia… en la línea del
    horizonte, frontera de polvo y arena entre el Camerún y el Chad…”
    Este fue mi descubrimiento de
    África. Y desde entonces ya nada descansa en esta anatomía inquieta que  exige el regreso a aquellas tierras; nunca
    dejaré de  pasear acompañado y
    bailar  al ritmo de la música de  Petit Sako en la Rue de la Joie o dejar la
    huella de mi vida en los olvidados senderos de los Montes Mandara…

     

     

     

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