Clasificado en:

Los caminos del mar Negro (V): Por las olas, hacia el imperio de Trebisonda

         El Mar Negro fue desde muy antiguo un mar griego. Pontos Axeinos, el Mar Inhóspito, lo llamaban en un principio: lo veían lejano y bárbaro debido a las desventuras sufridas por los argonautas. Pero los mercaderes y comerciantes lo navegaron a partir del siglo VIII a.C., y le cambiaron el nombre: Pontos Euxeinos, el Mar Amistosamente Hospitalario.

           Cien años después ya lo habían ribeteado de emporios comerciales, que acabaron convirtiéndose en ciudades. Su influencia helenizó los pueblos del litoral en un proceso que duraría diez siglos o más. La cristianización, a partir del siglo IV, llevó la helenización a al interior. Hasta que la irrupción de los selyúcidas -tribus turcas islamizadas originarias del Asia Central, que habían conquistado el califato de Bagdad- produjo el 1071 el súbito colapso del Imperio Bizantino. Toda Anatolia pasó a manos turcas, excepto algún puerto de este mar. Y aunque, con la Primera Cruzada, Bizancio reconquistó parte de lo perdido, el sultanato selyúcida del Rum se consolidó para siempre en las tierras altas del centro anatólico. Fue entonces cuando en el Mar Negro conoció un primer renacimiento póntico.

         En el aciago año de 1204, la soldadesca de la Cuarta Cruzada -azuzada por la felonía de Venecia- conquistó y saqueó Constantinopla, dando nacimiento al Imperio Latino de Oriente. Unos días más tarde, uno de los herederos del emperador, Alexios Commenos, nieto de Andronicos I, desembarcó en Trebisonda. Y con ayuda de un ejército proporcionado por su tía Thamar, reina de Georgia, se proclamó emperador de Bizancio, Basileus y Autocrator de los Romanos. Surgió, así, el Imperio de Trebisonda, que se pretendía heredero de Bizancio: la Tercera Roma. 

         Aunque su estado era pequeño, los emperadores Commenos supieron jugar sus cartas entre los invasores mongoles y los principados turcos rivales entre si, intercambiando alianzas o simplemente pagando vasallaje, y lo convirtieron en uno de los puertos finales de la ruta de la seda terrestre. Las caravanas llegaban cargadas de mercancías valiosas desde Samarcanda, Tabriz y Erzerum, y en Trebisonda las naves genovesas y venecianas las embarcaban hacia Constantinopla y Europa. Los viajeros hablaban con admiración de sus riquezas y monumentos. 

        Un ferri lleva a los viajeros de ahora hacia Trebisonda. El mar es azul, el día luminoso, el sol quema, y los delfines juegan con las olas. Para quien no pudo abandonar Constantinopla en barco, bien está llegar al otro extremo de la ruta por mar. Por el camino, Samsun es solo una escala donde no vale la pena desembarcar. Griega, romana, bizantina, quemada hasta los cimientos por los genoveses cuando se vieron obligados a retirase en 1461: las guerras y la explosión demográfica -350.000 habitantes- han borrado casi todo trazo de interés. 

       

Imagen de jBartroli

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado.
CAPTCHA
La siguiente pregunta es para prevenir el spam automático en los envíos.
Image CAPTCHA
Copy the characters (respecting upper/lower case) from the image.