Shoppig Centers y cortadores de cabezas (y V): Para los que gustan de playas bajo los cocoteros

         Los aviones, los ferrys y los autobuses llevan los viajeros de isla en isla por el archipiélago filipino. De Luzón -la más norteña- a las Visayas: Mindoro, Panay, Negros, Cebú, Samar, Leyte, Bohol... Hasta aquí llega la Filipinas cristiana. Más allá está la musulmana, que los españoles nunca dominaron.

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Shopping Centers y cortadores de cabezas (IV): Una ciudad colonial española en Asia

         La costa de Luzón bañada por el Mar Meridional de la China és una gran llanura verde: altos bambusales, plantaciones de bananeros o de caña de azúcar, arrozales, prados con vacas blancas y cebúes. Es un país fértil, muy pluvioso, y por todas partes hay ríos, acequias de aguas malolientes y campos inundados. Se ven pequeñas casitas de madera, chapa oxidada y bambú.

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Shopping Centers y cortadores de cabezas (III): El encanto de lo salvaje

          A uno o dos días de autobús de la vorágine de Manila, está la cara opuesta de las Filipinas: las tribus montañesas que aún viven casi en la edad de piedra. Los autobuses serpentean las estrechas carreteras de la isla de Luzón entre campos de arroz en terrazas, bosques de pinos y precipicios. En el pequeño museo de Bontoc veo viejas fotos de algún hombre sin cabeza y de alguna cabeza sin hombre, fechadas en 1909.

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Shopping Centers y cortadores de cabezas (II): Manila rica, Manila pobre

         Vista desde la altura del monorraíl -esa especie de metro elevado que recorre la ciudad de norte a sur- la densidad humana de algunos barrios de Manila es de un amontonamiento fabuloso. Sobre todo en Chinatown. Las casas tienen uno o dos pisos. La vida se hace en la calle. Circular a pie exige un esfuerzo cansino, hacerlo en jeepney o en triciclo, una paciencia a prueba de bomba. Los humos de los motores ahogan. La gente se tapa la nariz con los pañuelos. El guirigay de bocinazos y frenazos es enloquecedor.

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Shopping Centers y cortadores de cabezas (I): Manila megalópolis

         Manila es una capital que al llegar te abruma: tan gigantesca y desbordada, tan caótica, tan ruidosa y contaminada, tan superpoblada... tan asiática, en definitiva. Sales del aeropuerto y con el taxi que te lleve al centro te inmerges en el marasmo del tráfico, denso de monóxido de carbono, gritos y estruendo. Dentro del vehículo inmovilizado no corre ni una brizna de aire y el calor es bochornoso.

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Viaje a la Antártida (y IV): El retorno de las focas

          Algunos días más tarde navegábamos por las islas Shetland del Sur. En una de ellas, la isla Livingstone, está la única base antártica española: Juan Carlos I. Pero el Professor Molchanov recaló enfrente a los farallones negros del cabo Lookout, de la isla Elefante.

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Viaje a la Antártida (III): El vals de los icebergs

         Nuestra llegada al mar de Weddell se efectuó bajo una bóveda cerrada de nubes de plomo y acero. No era de extrañar que, debajo, el mar fuera un espejo de aguas mercuriales, con reflejos de nácar y la viscosidad del aceite. La treintena de pasajeros del Professor Molchanov nos embarcamos en tres zódiacs conducidas por tripulantes rusos.

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Viaje a la Antártida (II): La charla de los pingüinos

         Había llegado a la Antártida: un continente de 13'3 millones de km2, mayor que Europa o Australia, pero cubierta por hielos permanentes en un 99'6 %. Forman una masa tan espesa que en algunos puntos miden más de cuatro kilómetros de grosor. Los vientos huracanados pueden llegar a los 320 km/h. Se ha visto bajar al termómetro hasta los 89 grados bajo cero.

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Viaje a la Antártida: El amanecer más puro (I)

Ha sido el último continente en ser descubierto y explorado por el hombre. Es el único que, de tan salvaje, peligroso e inhóspito, nunca la especie humana lo pobló. El único del que se puede decir, sin miedo a equivocarse, que aún no ha sido verdaderamente conquistado. Por ello se mantiene virgen y es un paraíso para la fauna. Su belleza es mayestática, sublime, límite: uno de los lugares más hermosos de la Tierra. Así es la Antártida, el continente helado, el Polo Sur.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (y VI) El dulce letargo del trópico

          Hacia al oeste, las islas Cook son otro ejemplo de economía inviable. Las autoridades han apostado por el turismo. Pero Nueva Zelanda, que aún ejerce su protectorado, ha tenido que acudir varias veces en ayuda de las finanzas locales, caídas en la más absoluta bancarrota. Rarotonga, la isla principal, viene a ser para los neozelandeses una especie de Gran Canaria. Las otras islas, demasiado alejadas, viven el letargo tropical, unidas al mundo por el barco que las visita una o dos veces al mes.

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