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La vida como un fado: una tasca de la Mouraria

  “Crece la noche por las calles de Lisboa

Y los niños como yo se fueron a dormir…

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Lisboa en otoño: el mirador de Santa Catarina

          De todos los miradores de Lisboa el Alto de Santa Catarina es mi preferido: por la cercanía al mar, por la visión de los muelles y por la compañía de Adamastor. Asomándome por la baranda tengo la mejor vista portuaria de la ciudad, justo por encima de los tinglados de la Doca de Alcântara.

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Rutas del Mundo (y IV): Los nuevos marcopolos

         Estambul es hoy una megápolis gigantesca donde viven, sueñan y anhelan doce millones de almas. Intramuros, en Beyacit, en Aksaray, en Sultanahmet, la ciudad bulle de tiendas y galerías comerciales, negocios, casas de cambio y hoteles. Las calles están llenas de voces extrañas y rótulos en lenguas extranjeras. Escritos en ruso, rumano, chino, inglés, dan fe desde cuan lejos acuden los modernos mercaderes.

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Rutas del Mundo (III): La Ruta de la Seda

                La Ruta de las Especias sucedió a la Ruta del Incienso y el rlevo llegó por mar. Pronto el Índico estuvo cruzado por rutas marítimas que unían los puertos de Ceilán y la India con los de Persia, Arabia, las costa de Azania o Zanj -el litoral oriental africano-, Etiopía y Egipto. Los romanos amaban los lujos.

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Rutas del mundo (II): La Ruta del Incienso

          En el desierto del Dhofar, al sur de Omán, crece un árbol único. Los científicos lo llaman Boswellis sancti. Al cortar una incisión en la corteza, brotan unas lágrimas translúcidas, amarillas o rojas que, tocadas por el sol, brillan como el oro. En el mercado de Salalah, una mujer negra, generosa en carnes y en risas, las vendía.

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Rutas del mundo (I): El comercio, tan antiguo como la Humanidad

          Las altas mezquitas de Estambul iluminan de noche las aguas del Bósforo que separan Europa de Asia. Estambul, Constantinopla, Bizancio: encrucijada de rutas, una ciudad que nació para unir Occidente y Oriente, para superar este estrecho que ahora la refleja como un espejo. Sentado en la orilla, en la terraza del café al lado del palacio de Dolmabahçe, contemplo unos lapislázulis engarzados con filigranas de plata en pulseras afganas.

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Granjeros osados, mares de colinas verdes (y IV): Art Decó entre los viñedos

       Mi último día en la granja de Bruno y Kathy Chambers, en la Isla Norte de Nueva Zelanda. Mason, el padre de Bruno, me acompaña a Hastings. Tiene unos asuntos que arreglar y yo un rato para visitar la ciudad. Quedamos para comer en el Hastings Club.

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Granjeros osados, mares de colinas verdes (III): Hielo en los manzanos

         Mañana de invierno. Unos grumos de bruma flotan a ras de suelo en el fondo del valle entorno los campos de la orilla del río, y alguno decide emprender el vuelo y se desliza rápido por media vertiente de la sierra del Te Mata. Enfundado en el pasamontañas y los guantes, camino de prisa siguiendo los talones de Bruno. Hoy trabajará los manzanos, en un bancal del río.

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Granjeros osados, mares de colinas verdes (II): una granja en los tiempos de internet

         Cuando acompaño a esperar el autobús escolar a Carlos y Louis, los hijos de la familia de granjeros neozelandeses que me ha acogido en su casa, la escarcha aún blanquea la hierba de los prados. Bruno se hace cargo hoy del más pequeño -está enfermo y no va a la guardería- y los tres y el perro nos enfilamos en su viejo camión a inspeccionar las vacas que tiene en los pastizales al otro lado del río. Subimos traqueteando las colinas por caminos de tierra.

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