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Viaje a la Antártida (II): La charla de los pingüinos

         Había llegado a la Antártida: un continente de 13'3 millones de km2, mayor que Europa o Australia, pero cubierta por hielos permanentes en un 99'6 %. Forman una masa tan espesa que en algunos puntos miden más de cuatro kilómetros de grosor. Los vientos huracanados pueden llegar a los 320 km/h. Se ha visto bajar al termómetro hasta los 89 grados bajo cero. Desde el punto de vista de las precipitaciones es un desierto: apenas si llueve o nieva, y lo que parecen nevadas son, en realidad, vendavales que arrastran la nieve del suelo. Excepto en las costas, no hay vida alguna a parte de algas microscópicas. Solo hielo y cielo. El continente antártico es seguramente lo más parecido que tenemos a mano a las lunas heladas de Júpiter o Saturno. Todo esto puede parecer exagerado. Pero ciertamente no hay ningún lugar en el planeta donde el abuso de los superlativos mayestáticos esté más justificado. Es la belleza natural llevada al límite.

         Por fin, algo más sosegado, pude dedicarme a observar y fotografiar los pingüinos. Los que nidifican en Brown Bluff son de las especies papúa y de Adelia. Pocas cosas hay más cómicas y simpáticas. No se asustan de los hombres. Al contrario, cuando me acerqué a un grupo, dejaron ir varios graznidos y uno acudió presto a investigar que clase de pingüino raro era yo. Avanzó con su traje de smoking, caminando charlotescamente erguido sobre las dos patas, muy tieso, con todo el aspecto de un pequeño hombrecillo. Se plantó delante de mí, estiró la cabeza y el pico y dejó ir un ronco "¡cruaaaac!" Quería resultarle tranquilizador e intente soltar otro "¡cruaaaac!" lo más parecido al suyo. Aquello le sorprendió. Me miró con la cabeza ladeada como preguntándose: "¿Qué acento más extraño tiene este estrambótico individuo?" "¡Cruaaac!", insistió. Y yo "¡Cruaaac!" Dió un paso adelante, adelanto la cabeza hasta casi tocarme, y después se retiró hacia donde estaban los otros, caminado tambaleándose y profiriendo continuos graznidos. Seguramente les decía: "No preocuparos. Ese tipo nuevo es estúpido pero parece inofensivo"

         En todo caso, la entrevista parece que fue de su agrado, porque desde entonces los otros se acercaron y pude estarme largo rato entre ellos.

Imagen de jBartroli

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