Tonga, feudalismo en los Mares del Sur (V): La vida en una isla desierta

         En el archipiélago de las Ha'apai puedo realizar, por unos días, el viejo sueño de vivir en una isla desierta. La isla se llama Uoleva y, en ella, un nativo de nombre Soni ha construido dos cabañas: en una duerme él con su hijo y otro muchacho, y en la otra hay dos cuartos y una cocina a gas para los pocos vagabundos del mundo que hasta aquí llegan: es el Captain Cook Resort. En frente se extiende la arena virgen de una de las playas más bellas del Pacífico. Las únicas pisadas son las mías y las del perro de Soni, que a veces me acompaña en mis paseos. El mar en calma de la laguna de coral me ofrece sus fondos de catedrales góticas y peces multicolores para bucear.

            Al atardecer, desde una hamaca, contemplo violentas tormentas tropicales que caen en el horizonte; las nubes se enroscan y corren turbulencias de plomo. Cuando se desvanecen, la lava de los volcanes de las islas Tofua y Kao encienden de rojo, con su reflejo, las nubes encima suyo. Pero mi visión favorita son las ballenas que juegan saltando fuera del agua en el canal, entre los conos volcánicos y mi playa, soltando chorros de vapor y golpeando la superficie con la cola. La tarde se desvanece ante mis ojos, el cielo se enciende de oro y fuego, la noche llega y al poco el firmamento estalla con miles de estrellas y planetas.

         Los días se empastan. El buceo llena mis mañanas de estalactitas de coral y peces enjoyados. Pero a partir del mediodía el mundo se inmoviliza: el aire, el mar, el sol, las horas y las hojas. Únicamente las moscas, más pegajosas que nunca, continúan en movimiento. El calor se solidifica entorno mío. La luz es hiriente. Las gafas de sol no protegen lo suficiente. La modorra me invade. La cabeza se me atonta. Desde la hamaca, anhelo la más ligera brisa de aire, un respiro. Es en vano. Las horas pasan a cuentagotas, asfixiantes, hasta que no vuelven los anocheceres avinados, encendidos, luminosos. El rojo sanguíneo del sol poniente anuncia la tregua nocturna, hasta el día siguiente. Las noches, cargadas de estrellas, son maravillosas.

Imagen de jBartroli

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