Tonga, feudalismo en los Mares del Sur (IV): Bebidas narcotizantes

         Por fin, sábado noche. Baile en el porche del restaurante Fanga'i he Si de Pangai. Pero en la pista hay pocos bailarines y muchas caras largas. Resulta que los chicos tonganos son más bien tímidos. Me explican que para divertirse y atreverse a sacar a las chicas a bailar, necesitan atiborrarse de cervezas. Pero para cuando están a puntos, van tan mamados que resultan unos plastas insoportables para ellas, que los rechazan por tambaleantes y por pesados. Así que la cosa no parece tener demasiada solución. Todo ello podría favorecer a un palangi, un blanco extranjero como yo. Ni bebo demasiado ni necesito beber para saber divertirme. Bailo, sí, pero las tonganas no se dejan deslumbrar fácilmente por ningún palangi ni mucho menos por la fama de que todos los extranjeros son ricos. El amor es el amor, es difícil ser el escogido entre tanto cuerpo de campeón de rugby por muy empapado de cerveza que esté, y aquí, sin matrimonio por medio, poco hay que hacer.

         En todo caso, el sábado noche de la islas Ha'apai no da para mucho. A las doce en punto aparece la policía para cerrar el local. Acabado el sábado, ha empezado el domingo. Y en domingo los bailes -como casi todo- están prohibidos.

         En domingo todo el mundo está ocupado en ir de casa a la iglesia y de la iglesia a casa, varias veces al día. Yo me paseo en bicicleta por las islas de Lifuka y Foa, unidas por un puente, y atravieso poblados entre repique de campanas y gentes muy endomingada. Y entro en algunas iglesias, a oir los coros polinesios: música de órgano hecha con voces de ángeles.

         En estas islas todavía prefieren la forma tradicional de diversión, al menos entre los hombres: las reuniones de kava. El kava es una bebida   obtenida de la raíz de una planta fermentada. Tiene aspecto de agua sucia y apenas gusto. Pero contiene 14 elementos alcaloides con propiedades sorprendentes: actúa a la vez de anestésico, analgésico, tranquilizante, narcotizante, antibacteriano y antifúngico. Y es legal.

         Los círculos de kava se reúnen sobretodo los viernes por la noche. Tengo la suerte de ser invitado a uno. Me introducen en una cabaña donde ya hay otros hombres sentados en el suelo, la espalda contra la pared. El maestro de ceremonias llena medio coco con kava y lo pasa a quien tiene a su lado. Uno tras otros vamos bebiendo, en un ritual que dura horas, mientras los tonganos charlan entre ellos, bromean y ríen -de qué, no lo entiendo- hasta que todos nos sentimos lentos, perezosos y algo perdidos. Las tensiones se aligeran y las amistades se refuerzan. La noche se pierde en vaguedades y nosotros corremos caminos sin rumbo.

Imagen de jBartroli

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