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Soledades y miedos del viajero (I)

         El avión. Otra vez. Adiós a la casa, a la familia, a la ciudad. Delante, la promesa de lo nuevo, del descubrimiento perpetuo, pero también de lo desconocido. Encerrado en la cabina, apretado en el asiento a ocho mil metros de altura sobre la tierra y el mar, me alcanza otra vez la nostalgia que me invade cuando emprendo un viaje; y el miedo. Hasta el momento antes de partir era el deseo de emprender la ruta, la ilusión del nuevo continente que iba a descubrir.

         El avión se separó del suelo y entonces llegaron las dudas: ¿y si tengo un accidente? ¿Y si enfermo, solo y lejos? Flotando entre las nubes apunta la idea de la muerte. Desde alguna entraña recóndita crece un ligero desasosiego por el riesgo que tal vez correré. Hay un recuerdo para los que quiero y dejo atrás. La mente repasa las incomodidades que habrá en el camino: otra vez despertar en camas extrañas, incómodas; otra vez cuartos y baños comunitarios, madrugar para coger un autobús, vagabundear sin reposo hacia aquí y hacia allá; otra vez meses y meses de vivir con el peso de la mochila a cuestas, sudar, coger trenes y autobuses, comer mal, calor y frío. Y nace el auto reproche de cada partida: ¿por qué no me quedé en casa?, ¿por qué no me conformo con lo que tengo en vez de siempre salir hacia buscar más? ¿Por qué no soy como la mayoría, como los demás?... Es el miedo de la salida. Un miedo que el viajero sufre en soledad.

          Cada viaje nuevo es así. Alza el avión su vuelo o el tren su repiqueteo y ahí está este sentimiento de inseguridad, de cansancio presentido, de tristeza, de nostalgia, que me invade al partir, antes de llegar al otro extremo del avión o del ferrocarril y comenzar realmente el viaje. Es una sensación de desasosiego y miedo ante la incertidumbre, que luego desaparece y se olvida totalmente cuando ya recorro los caminos, incluso en momentos de algún peligro real. Es un sentimiento de inicio de viaje, pasajero pero indefectible.

         Todo viajero sabe de la soledad. La ha experimentado muchas veces: en las partidas, en el camino, en las despedidas de amistades intensas pero breves, tras la emoción del reencuentro... pues el viajero es un extraño allá por donde va y, con el tiempo, también en el retorno entre los suyos.

Imagen de jBartroli

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impresionante,me identifico

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