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Siberia en tren (V): Cazadores y pastores del Gran Norte

             El norte siberiano es el último reducto de las naciones aborígenes, herederas de una cultura que se remonta hasta 10.000 años, y que tiene sorprendentes parecidos con la lapona, la esquimal, o la de algunas tribus indias del gran norte americano. El chamanismo, que aún practican, era su rasgo común más definitorio, y sus creencias estaban profundamente interrelacionadas con la tierra que les daba de vivir. Shamán, precisamente, es un vocablo siberiano: en tungús significa "el que conoce"

            Entre la treintena de naciones aborígenes hay 35.000 nenets repartidos a ambos lados de los Urales, cazadores de ballenas y focas y pastores de renos; 30.000 evenkis pastores de renos a caballo, y también cazadores de renos salvajes para la carne y las pieles; 17.000 evens cazadores de renos; 7.000 dolgans; 1.140 yukaghirs; o los yakutos que son 380.000.

            Algunas de estas pequeñas naciones tienen repúblicas y regiones autónomas, con escaso poder pero con reivindicaciones crecientes. Este es el caso los jantis y los mansis (dos pueblos fino-úgricos también conocidos como ostiacos y vogules) Son unos 22.500 y 8.500 respectivamente, agrupados en la Región Autónoma de Janty-Mansi, que es tan grande como Francia. Pero se trata de una región que no controlan, pues son una ínfima minoría de los 1'3 millones de habitantes. Les prometieron que las torres petroleras y las llamas de gas quemando de las chimeneas les iban a traer el bienestar. Lo que ahora ven es que los oleoductos construidos con técnicas obsoletas revientan y contaminan los pastos de los renos y los ríos y lagos; que la contaminación del río Obi es 20 veces superior a lo permitido y el esturión es incomible porque sabe a petróleo; y que los cazadores furtivos les diezman los renos y los animales salvajes.

            El comunismo acabó con el modo de vida tradicional de los pueblos siberianos, obligándoles a sedentarizarse y a colectivizar los rebaños de renos y ovejas. Ahora que algunos intentan reemprender la vida antigua, la tierra está cada día más envenenada. Muchos emigran a las nuevas ciudades, donde acabarán por perder toda identidad. Algunas lenguas nativas se están dejando de hablar.

Imagen de jBartroli

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